El maestro antioqueño Andrés Orozco-Estrada dirigió, en abril pasado, a la Filarmónica de Medellín en el concierto que celebró los 35 años de esta orquesta.

Si usted no frecuenta los teatros muy a menudo o no está familiarizado con los protocolos que se manejan en los conciertos de música clásica, no se preocupe porque nunca es tarde para aprender y muchas personas tienen esas mismas dudas: ¿cómo vestirse?, ¿a qué hora llegar? y ¿cuándo aplaudir?

Luz Marina Riascos, experta en protocolo, destacó cinco puntos que se deben tener en cuenta a la hora de asistir a un evento como el concierto de aniversario del Teatro Metropolitano en Medellín.

Repasamos una por una, las recomendaciones para que usted las tenga en cuenta:

1. Puntualidad

Llegar a tiempo es una máxima que se debe cumplir en cualquier cita y esta no es la excepción. En espectáculos como el concierto de aniversario del Metropolitano no se permite el ingreso del público después de la hora señalada. Esto obedece a una razón fundamental: por respeto a los artistas y a los demás espectadores que ya están en el recinto.

Se recomienda que para eventos musicoescénicos, como este, los asistentes estén ocupando sus sillas 15 minutos antes de que empiece la función.

En el caso del Teatro Metropolitano, hay una ayuda para entrar a tiempo: “Antes del concierto se oirán tres timbres: el primero indica llamado de atención. El segundo es una invitación para entrar a la sala y el tercero indica la salida de los músicos al escenario y el inicio del concierto”, señaló el equipo de teatro.

Además, hay que tener previsto un tiempo margen en caso de que ocurra cualquier eventualidad. “Debemos tener en cuenta que cuando asistimos a estos eventos tenemos que haber pensado antes en detalles como los lugares de parqueo que hay cerca a los teatros”, dijo Riascos.

“También hay que tener en cuenta el tiempo que vamos a gastar si hay que validar una boleta al ingreso del teatro o si hay que hacer fila en caso de que sea un evento gratuito”, comentó.

Hay algunos teatros que permiten el ingreso una vez llegue el intermedio, pero no es una regla general, así que no se confíe.

2.Atuendo

Las prendas que usted debería utilizar para asistir a un evento como este deben partir del hecho de que este es un evento formal. El vestuario debe ser acorde, en la medida de lo posible.

En casos como los de la ópera clásica, el grado de formalidad en las prendas de ropa depende del horario en el que se desarrolle el evento. Riascos recomienda que si la ópera es en la noche, el atuendo para las mujeres sea un vestido de gala y que los hombres usen un esmoquin.

Si la presentación es en el día es recomendable que las mujeres usen vestido de coctel mientras los hombres pueden usar un traje formal.

Además, la experta destaca que el cabello debe ir bien recogido, los accesorios deben ir acorde al atuendo, las uñas deben estar arregladas y la barba de los hombres debe estar bien cuidada.

3. Comportamiento

Al momento de ingresar a la sala es recomendable no quedarse esperando en los pasillos, sino ir entrando de forma organizada para evitar tumultos y tropiezos.

Otra regla de comportamiento es que, a diferencia del cine, los teatros no permiten el ingreso de alimentos y bebidas. No solo porque cualquier accidente podría resultar dañando la cojinería, sino también porque el ruido de los paquetes puede perjudicar la experiencia de los demás espectadores.

Se recomienda también no hablar con los vecinos en la mitad de las piezas, sino guardar los comentarios hasta que finalice el concierto. Recuerde que en el caso del concierto de aniversario del Metropolitano, no está permitido el uso de dispositivos móviles para tomar fotografías o videos al interior del teatro. Las personas que deseen pueden llevar binoculares para ver más de cerca a los músicos en escena.

4. Aplausos

“Como buenos latinos aplaudimos en todo momento, pero eso no está permitido en todo tipo de eventos”, dijo Riascos. Recomendó que se aplauda en dos momentos: cuando entre el concertino, primer violinista, y cuando se termine el concierto.

5. Salida

Se sugiere salir de forma ordenada y dar prioridad a las personas que se encuentran en las sillas de adelante. De esa manera, se agiliza la salida y se evitan dificultades.

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Así se ven en la vida real algunos de los personajes más temidos del cine de miedo.

En la gran pantalla se ven terroríficos, pero en la vida real son actores y actrices que se han sometido a extensas jornadas de maquillaje y a sofisticados efectos. Descubra quiénes están detrás de algunos de los personajes más temidos del cine de terror.

 

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El objetivo de este escrito es muy simple: invitarlos a que vean Turandot este 8 de septiembre en salas de cine de Cine Colombia de 11 ciudades, motivarlos, si no conocen la ópera como género, a que se acerquen y aprendan a disfrutarla.

Una aproximación fácil sería contarles que en esta ópera escucharán Nessun Dorma, la famosa aria que inmortalizaran muchos grandes tenores, entre ellos Luciano Pavarotti y aquel chico inglés, Paul Potts vendedor de celulares que en un concurso de talentos conquistó las redes con su interpretación.

Pero es que Turandot es muchísimo más que “Nessun Dorma”. Turandot es una ópera exótica, grandilocuente, una de las más breves pero la más fastuosa de Puccini. Está escrita en clave de misterio y, a la manera oriental, su trama se construye en torno a enigmas y acertijos. A nivel musical y vocal, Turandot es una ópera desafiante, que impone exigencias enormes a los solistas. Es una verdadera ópera de lucimiento para la orquesta, el coro, los solistas, los escenógrafos y diseñadores de vestuario.

El primer gran misterio que plantea Turandot es que nadie sabe cuál habría sido su estructura completa, final. Obra inconclusa de Puccini, fue terminada por Franco Alfano y estrenada en 1926, dos años después de la muerte del compositor. Es considerada la última gran ópera italiana, la última, según algunos, verdaderamente escrita para la voz.

Además, es una ópera llena de amenazantes retos. La reina de corazón helado, Turandot, desposará a quien consiga develar sus acertijos. Quien lo intente y falle, perderá la cabeza.

Turandot es una mujer marcada por el dolor, su implacable frialdad no es gratuita, tiene una razón de ser. Un trauma ancestral se encuentra inscrito en su corazón: su abuela fue ultrajada por un extranjero y Calaf, príncipe de lejanas tierras tiene la “desdicha” de descifrar los enigmas planteados por la reina y se hace digno de convertirse en su esposo.

Pero el trauma siempre es más fuerte que las promesas y Turandot, intempestivamente, le impone un nuevo acertijo: Descubrir su nombre. “… en mi se encierra el misterio, nadie conocerá mi nombre … lo diré sobre tu boca … cuando resplandezca la luz… y mi beso disolverá el silencio que te hará mía” … Finalmente, Calaf revela el misterio, pronuncia su nombre y el trauma de Turandot se convierte en amor.

También, Turandot es una ópera de momentos sutiles, profundos, entrañables en los que el heroico Príncipe Calaf busca consolar a Liu con la bellísima aria Non piangere Liu (No llores Liu) y el bellísimo Signore ascola (Escucha señor), que Liu le canta a Calaf, a quien ama en secreto, tratando de disuadirlo de arriesgar su vida por conquistar a la reina…

Muchas veces he pensado que la explosión épica y romántica del cine hollywoodiano de los 40 y 50 no habría sido posible sin la intensidad musical y argumental de las óperas de Puccini. Muchas veces he sentido que en ellas palpita su semilla y, si uno es una persona que ama, sueña y siente, sensible a la belleza, que quiere acercarse y conocer este género musical, ver Turandot es una excelente oportunidad para dar el primer paso.

En Turandot, nadie duerme…

¿Dónde y cuándo?
8 de septiembre, 12 m. Salas de Cine Colombia de Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga, Barranquilla, Cartagena, Villavicencio, Ibagué, Manizales, Pereira y ahora Popayán. Informes de boletería en cinecolombia.com

Juan José Lopera es cantante de ópera colombiano. Ganó el premio de la Ópera de Viena, el tercer premio en el Concurso Internacional de Canto de la Radio Alemana (ARD) y cantó en los principales teatros del mundo (ópera de Viena, Berlín, Roma, Zúrich).

 

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Con la elección de las cintas Pájaros de verano, dirigida por Cristina Gallego y Ciro Guerra, y Matar a Jesús, de Laura Mora, como representantes por Colombia a los Premios Óscar y Goya respectivamente, es evidente que hay un florecimiento de realizadoras y productoras en el país, y que su mirada es valiosa para la narrativa local del séptimo arte. A pesar de que cada vez es más frecuente que las mujeres ocupen roles en la dirección y producción de las películas, aún son pocas las que se desempeñan en los puestos técnicos, un universo que sigue siendo mayoritariamente masculino.

Otro ejemplo de ese reposicionamiento de la mujer en la industria del cine es La Defensa del Dragón, la ópera prima de Natalia Santa, con la producción de Ivette Liang, que ganó dos reconocimientos a Mejor Dirección y Mejor Actor Principal en el Festival de Cine de Lima. “El hecho de ser dos mujeres las que lideraban la película, siempre llamó la atención, nos abrió puertas y generó interés porque no es muy usual. Si ya es inusual una mujer directora o productora, imagínate dos llevando una película que se desarrolla en un universo masculino. Eso creo que nos abrió puertas antes que cerrarlas. Lo que sí sentía durante el rodaje es que hay una organización muy patriarcal y un ejercicio del poder muy masculino, se espera que el director ejerza su autoridad. Hay esta figura del director como la persona más importante del rodaje y se le rinde pleitesía, una posición en la que yo me sentía muy incómoda, no me interesaba ejercer el poder de esa forma, no me interesaba imponerme; me interesaba dialogar, tampoco me interesaba parecer segura y que lo tenía todo clarísimo siempre, al contrario, hablamos mucho con la productora de generar un equipo en donde yo pudiera sentirme frágil, vulnerable, dudar, no saber qué hacer, sin que esto dañara el compromiso y el respeto del equipo hacia mí y hacía la película”, relató Natalia en entrevista telefónica con Generación.

La variedad de las producciones lideradas por mujeres deja entrever que ellas no se rigen por temáticas específicas o intereses comunes, es decir, que no habría una mirada especial al cine dirigido por mujeres en Colombia, aunque es un campo abierto al estudio y todavía no hay el corpus suficiente para hacerlo.

Lo que sí hay es un estilo diferente a la hora de trabajar y una mirada específica, que para la directora de Jericó. El vuelo de los días, Catalina Mesa, tiene que ver más con la energía del realizador. “Hablo de energía femenina, lo que no tiene nada que ver con género, porque hay muchos directores que son muy femeninos en su trabajo, son muy receptivos. No me puedo comparar con un hombre porque nunca lo he sido y no sé cómo es su experiencia, entonces no puedo decir si he tenido más facilidades o más dificultades por ser mujer, no puedo hablar desde el género, estaría inventando, lo que sí puedo decir es que sí detecto en mí energía masculina y femenina, como las tenemos todos, y que la energía femenina es receptividad, diálogo, cocreación, tener en cuenta al otro en el momento de crear. Es casi mágico porque entre más empoderas al otro, más maravillosa es la cocreación, eso es una ventaja, y el hombre puede utilizar su energía femenina de esta manera”.

Para Natalia Orozco, directora de El silencio de los fusiles, sería interesante observar el cambio de mirada por temáticas. “En un país donde las mujeres que crecimos en medio de la guerra desarrollamos un instinto de protección y una mirada femenina a esas realidades, creo que sí vale la pena observar las diferencias entre un hombre que mira la guerra y una mujer, cuáles son esos puntos de convergencia, esos puntos que los sensibilizan más, esas preguntas. No tengo la respuesta, sin embargo, sí creo que valdría la pena hacer la investigación”, señaló.

No solo las mujeres son parte importante en la actualidad del cine colombiano, alrededor del mundo son frecuentes las manifestaciones que piden mayor espacio femenino y reconocimiento igualitario en la industria. Por fortuna, los números las respaldan y el antiguo mito de que las mujeres protagonistas o directoras no llenan salas, está de salida.

 

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Matar a Jesús (2017) de Laura Mora y Pájaros de Verano (2018) de Cristina Gallego y Ciro Guerra son las producciones elegidas por la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar al país en la edición 33 de los Premios Goya y en la edición 91 de los Premios Óscar respectivamente.

Después de visualizar las 11 películas inscritas en la convocatoria a Premios Óscar y Goya 2019, los miembros de la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas (ACACC) eligieron por votación a estas dos producciones que representarán a Colombia.

Adicional al anuncio de las películas postuladas para los Óscar y Goya, se confirmó la fecha de la séptima edición de los premios Nacionales de Cine Premios Macondo que se llevarán a cabo el próximo 17 de noviembre en el centro de convenciones, Ágora Bogotá.

Al Goya

La ópera prima de Laura Mora, ha logrado importantes reconocimientos en festivales del mundo, empezando por el Festival Internacional de cine de Cartagena de Indias.

Paula pierde a su padre a manos de un sicario, uno de tantos jóvenes instrumentalizados por esa violencia que, como la ternura, parece acechar en esa ciudad por todas partes: en cada calle, en cada gesto, en cada palabra. Esa pérdida hará que Paula se encuentre con Jesús, el gatillero que mató a su padre, un joven imposible de reducir a la condición de victimario: Jesús vive en un mundo en donde la muerte se mezcla con la amistad y el cuidado de los otros.

Todas estas contradicciones están delicadamente retratadas en sus inmensos matices por esta película, en un relato que tiene bases autobiográficas de Laura Mora. Matar a Jesús (2017) es el retrato de una sociedad a través de los ojos de una joven que busca venganza y termina encontrándose con su insuficiencia y redundancia, y con la lucha para transformar una ciudad y reconciliarse con su pasado y con su porvenir.

Luego de su estreno mundial en Toronto y su estreno europeo en San Sebastián, la cinta ha participado en más de 20 festivales en el mundo y ganado más de 15 premios internacionales.

De nuevo al Óscar

Colombia postuló a Pájaros de verano (2018) para la edición 2019 de los Premios Oscar. Se trata de la película codirigida por Cristina Gallego y Ciro Guerra que actualmente se encuentra en la cartelera de cine colombiana y que está realizando un recorrido brillante por los festivales de cine del mundo.

Es la historia de la bonanza marimbera de los años setenta en La Guajira, la cual llegó y afectó las tradiciones y el modo de vivir de la comunidad Wayúu.

Esto se suma a los galardones recibidos en el Festival Internacional de Cine de Lima, Perú, hace sólo algunos días a Mejor Dirección, segunda mención de la crítica internacional y el Premio de la Asociación Peruana de Comunicadores; así como al Premio del Jurado en el Festival de Cine de Motovun, en Croacia. Por otro lado, Pájaros de verano se convirtió en la primera película colombiana en proyectarse en la Piazza Grande como parte de la programación del Festival Internacional de Locarno en Suiza, ante 8 mil espectadores.

Cristina explicó que tanto para ella como para el codirector Ciro Guerra, quien se encuentra rodando en la Amazonía colombiana, es todo un honor volver a los Premios Oscar, como representantes por Colombia, luego de la nominación en el 2016, a Mejor Película Extranjera de su anterior largometraje El abrazo de la serpiente (2015).

“Recordamos también que Pájaros de verano sigue en cartelera, arrancando la quinta semana, lo que es histórico para las películas que se han lanzado este año. La han visto 200 mil personas y eso nos pone muy contentos, la película está teniendo una buena recepción en Colombia y ahora empieza todo su camino internacional y estamos listos para acompañarla”, continuó Cristina.

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Todo ha cambiado de la noche a la mañana para la siguiente aventura del agente 007, Bond 25. La cinta protagonizada por Daniel Craig sigue acumulando contratiempos después de la precipitada salida del director Danny Boyle. Y es que ahora la fecha de estreno, que en principio se fijó para el 8 de noviembre de 2019, se ha retrasado de forma indefinida hasta nuevo aviso.

Tal y como informa Variety, los creadores de la nueva producción del agente secreto han vuelto a la mesa de trabajo para elaborar un nuevo guión, después de que los productores y Craig rechazaran el de Boyle (T2: Trainspotting). Y para el nuevo libreto, MGM y Eon, productoras del filme, están buscando un nuevo guionista o director-guionista para encabezar el proyecto.

A su vez, esta nueva situación hace que la fecha de rodaje, que originalmente fue el 8 de diciembre, se retrase. Por lo tanto, el estreno, salvo milagro, se postergará aunque todavía no hay detalles de hasta cuándo. No obstante, otras productoras ajenas aseguran que sería posible que Bond 25 viera la luz el 8 de noviembre de 2019, siempre y cuando el rodaje comience, como tarde, en enero del mismo año.

En cuanto a la contratación de otro cineasta, MGM valora volver a uno de los candidatos que se quedaron en el camino. Uno de los que más gustan a la productora es Denis Villeneuve (Blade Runner 2049), pero actualmente el director está inmerso en el desarrollo del remake de Dune. Por otra parte, Christopher McQuarrie (Misión imposible: Fallout) es el otro favorito. Sin embargo ha expresado su predilección por una cinta original, en lugar de una franquicia, para su próximo proyecto.

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El “Retrato de Dora Maar” fue realizado a “cuatro manos” por Pablo Picasso y el escultor barcelonés Apel·les Fenosa, algo “poco habitual” en la trayectoria del artista malagueño, según determinó la Picasso Administration, informó hoy el Ayuntamiento de El Vendrell (norte de España).

Cuando Maar falleció en 1997, en la subasta pública de sus bienes apareció el retrato en yeso y un ejemplar en bronce, atribuido exclusivamente a Fenosa.Musée Picasso – París

El pasado marzo, la Fundación Apel·les Fenosa inauguró la exposición “Un retrato a cuatro manos”, con el objetivo de que se desvelara el enigma que existía sobre la obra, de 1941.

Ahora, la Picasso Administration “ha aceptado que el yeso comprado en la subasta de los bienes de Dora Maar es obra original hecha a cuatro manos por Pablo Picasso y Apel·les Fenosa”.

También considera que los dos ejemplares en bronce que Picasso fundió en los talleres Valsuani de París son, asimismo, originales y obra de los dos artistas.

En cambio, asevera que los cinco ejemplares en bronce editados por Nicole Fenosa, esposa de Fenosa (Barcelona, 1899- París, 1988), son obra exclusiva de su marido, y no de ambos.

El Ayuntamiento del Vendrell remarca que “se pone fin así a una difícil clasificación de la obra y de las tiradas que en su día se hicieron en bronce de la obra”.

La Picasso Adminstration recordó la amistad que existía entre los dos artistas y señaló que conserva en sus archivos una factura del fundidor Robecchi dirigida a Fenosa, del 3 de julio de 1941, pagada directamente por Picasso.

El retrato apareció publicado en el año 1971 en el libro de Wernes Spies sobre las esculturas de Picasso, atribuido exclusivamente al pintor y datado en el año 1943.

Cincuenta años más tarde, el escritor James Lord publicó una biografía sobre Dora Maar, que fue compañera de Picasso entre 1936 y 1944, donde explicaba que el retrato fuerealizado por Fenosa y retocado por Picasso, tal como le había explicado ella misma, ratificado por el artista español.

Cuando Maar falleció en 1997, en la subasta pública de sus bienes apareció el retrato en yeso y un ejemplar en bronce, atribuido exclusivamente a Fenosa.

Nicole Fenosa se presentó a la subasta y acabó adquiriendo el retrato en yeso, que es el que actualmente forma parte de la colección de la Fundación Apel·les Fenosa.

Antes de morir, James Lord volvió a escribir sobre el retrato y entonces señaló que, cuando Dora falleció, “el yeso y el bronce se vendieron en subastas, pero la viuda de Fenosa insistió en que su marido apareciera como autor, pero la obra es de Picasso”.

Finalmente, la Picasso Administration ha determinado que la obra fue realizada por los dos.

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—Yo nunca fui a un colegio. En mi época no teníamos estudios. No es como ahora, que mandan profesores al campo. Yo tengo todas mis composiciones aquí, en mi cabeza. Es el talento con el que nací. Yo no sé leer ni escribir, pero me dicen maestra.

Ceferina Banquez ha compuesto más de 30 canciones. Sentada en una sala de ensayos de Barcelona, rodeada por los músicos que la acompañarán en su concierto de esta noche, la cantadora de bullerengue me mira con sus ojos acuosos y me pregunta: “¿Ya estás grabando?”. Aunque nació hace 75 años, el 3 de febrero de 1943, en María la Baja, departamento de Bolívar, Ceferina Banquez siempre empieza contando su historia partiendo del día en que se convirtió en una desplazada.

—En el 2001 mi finca de Guamanga se quedó sola. Tuvimos que abandonarla porque había mucha violencia por ahí. La gente tuvo que salir huyendo. Mataban los paracos y mataba la guerrilla. Yo me fui pa’l Magdalena con mis hijos y encontré trabajo en una finca de palma. Estando allá me mataron un primo hermano y a otros familiares cercanos por parte de mi mamá.

Ceferina Banquez llegó a Guamanga a los nueve años. En Guamanga conoció a Francisco Miranda, el hombre con el que se casó a los 17. En Guamanga nacieron y crecieron sus seis hijos: tres mujeres y tres hombres. Cuando el papá de sus hijos falleció a causa de un derrame cerebral, el más pequeño tenía nueve meses de nacido. La tierra era su único medio de sustento. Antes de que el conflicto armado de Colombia la obligara a huir de su finca, Ceferina Banquez sembraba plátanos, yuca, ñame, arroz. “Si salí de la finca fue por la violencia”, dice. “Allá no se quedó nadie. Es muy duro ver que matan a tus hijos, a tu papá, a tu mamá. Por eso varios de mis vecinos, a los que les mataron a sus familiares más cercanos, se fueron y no volvieron más”.

La cantadora, que lleva un mes paseando su bullerengue por ciudades europeas, fue Reina del Bullerengue del Festival de María la Baja (2009).Fue ganadora del Premio a la Dedicación del Enriquecimiento de la Cultura Ancestral de las Comunidades Negras, Raizales, Palenqueras y Afrocolombianas (2013), otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia por su disco Cantos ancestrales de Guamanga (2010). También fue protagonista del documental Cantadora: memoria de vida y muerte en Colombia (2016), dirigido por María Fernanda Carrillo. Este verano ha actuado en Madrid, Barcelona, París, Lyon, Gotemburgo y Viena, donde ella y su sobrino, el músico Juan David Banquez Mendoza, perdieron el avión que los llevaría de vuelta a Colombia. El vuelo perdido se convirtió en la excusa para regresar a España y organizar un segundo concierto en Barcelona, el que ofrecerá esta noche, acompañada por su sobrino y los músicos y las coristas del grupo Guayabera Sessions. “Ahora, después de vieja, es que yo estoy disfrutando. Imagínate, la mayoría de las cantadoras somos pobres y campesinas. Quién me iba a decir que mi canto llegaría aquí, al fin del mundo”.

El canto de Ceferina Banquez es penetrante, jubiloso y a veces lastimero. Todas sus tías, por parte de su mamá, María Epifanía Teherán, y de su papá, Eduardo Banquez, fueron cantadoras de bullerengue. El bullerengue es un baile que se canta. Dicen que llegó a las tierras de Córdoba, Bolívar y Urabá gracias a los negros africanos que se sublevaron y levantaron sus pueblos libres cerca de Cartagena.El bullerengue precisa de una voz de mujer, que será la principal, de un coro, toque de palmas, o tablas, y dos tambores: el alegre y el llamador. Hubo un tiempo en que María de los Reyes Teherán (Reyita), María del Carmen Teherán y Petrona Banquez —tías de Ceferina— iban a cantar a los pueblos, no por dinero, sino para divertirse: “A las cantadoras de antes no les daban paga, solo les ofrecían ron. Una componía un verso y otra, otro verso. Cuando ellas cantaban, yo me quedaba escuchando como un loro”. Alguien vaticinó que la cantadora de Guamanga seguiría los pasos de sus tías. A los ocho años reconocía las tres variantes rítmicas del bullerengue: el senta’o, el fandango y la chalupa. Tenía una voz diáfana y habilidad para componer canciones basadas en sus fatigas cotidianas.

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—“¡Cefe, ven a cantar! Tú eres la que va a reemplazar a tu tía Reyita”, me decía un tío. Y yo me ponía a cantar. A veces un niño decía: “Vamos a correr, a ver quién se pasa”, y yo salía corriendo. Un día, jugando así, me caí y me partí la nariz. De ahí saqué un bullerengue que dice: Llorando cantando / llorando cantando / y echando sangre por la nariz / y echando sangre por la nariz. / Y yo que brincaba / y yo que saltaba / y echando sangre por la nariz / y echando sangre por la nariz. “Tú eres la que va a reemplazar a Reyita y a Carmen. Tú vas a ser una gran cantadora”, me decía mi tío.

Lo intentó cuando tenía 23 años y ya era madre de tres hijos.

Ceferina Banquez quería cantar bullerengue en las fiestas, pero antes debía consultarlo con su esposo. “Me dijo que no, que él no se iba a quedar con los pela’os pa’ que yo saliera a cantar y a beber ron. Y yo jamás he bebido ron, por cobardía, porque no sé si el ron me va a poner a decir malas palabras. Con mi segundo marido pasó igual, me decía que no fuera a cantar a las fiestas porque las cantadoras siempre se enamoran del tamborero. ¿Qué podía hacer? Me dediqué a criar mis hijos y me olvidé del canto”.

Ceferina Banquez despertó una mañana pensando en lo que había soñado durante la noche. De su cabeza nacieron versos como flores de duelo. Desde ese día, sus composiciones le sirven para ahuyentar los horrores de la violencia. También le canta a la memoria de sus ancestros, a los saberes que no se aprenden en la escuela, a las manos que cultivan el campo, a los misterios de la vida y la muerte, a una niña que llora porque su madre se fue a trabajar la tierra en los Montes de María.

—Yo empecé a cantar por mi dolor. En el 2006 fui cogiendo ánimos para volver a Guamanga. En el 2007 regresé. Cuando iba por el camino, rumbo a mi finca, pasé por la casa de un vecino. A mi vecino lo mataron, y le mataron un hijo. Los mataron y los dejaron ahí, en el camino, como si fueran perros. Me dolió tanto que me fui a dormir pensando en eso. Al otro día hice una composición en décimas que se llama “Como yo soy desplazada”. Me preguntaba: ¿por qué tanta violencia? ¿Por qué matar a las personas así, sin motivo? ¿Cómo hacía uno para vivir en el campo?

Dice Ceferina que quienes más sufren los embates de la violencia son ellos: los campesinos. Según el informe anual Tendencias Globales, publicado en junio de 2018 por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Colombia sigue siendo el país con más desplazados internos del mundo: 7,7 millones de personas se desplazaron en 2017. “Si bien los frutos del cese de la confrontación armada han sido evidentes”, dice el informe de ACNUR, “también lo han sido los desafíos y vacíos de protección que siguen representando algunas regiones del país”. Ceferina Banquez no ha vuelto a dejar su finca. “Yo bajo del monte solo para cantar. Voy, canto, y vuelvo. Ahora estamos sembrando otra vez. Tenemos yuca, plátano, arroz. Quiera Dios que se acaben los desplazamientos en Colombia, que la gente no tenga que dejar su finca botada por culpa de la violencia”.

En pocos minutos, a las 10:30 de una sofocante noche de agosto,Ceferina Banquez volverá a cantar en Barcelona. El local está lleno. “Vino más gente que la primera vez”, dice su sobrino. La cantadora no está nerviosa. Lo dice con una sonrisa tímida, con el semblante tranquilo de su rostro de tez negra y pómulos altos. Lleva una flor en el pelo. Es una flor de tela blanca y azul. Lleva falda y blusa con vuelos, con flores rojas y moradas, y un collar de cuentas trenzadas, y un colgante con forma de corazón. Cuando sube al escenario, Ceferina Banquez saluda al público y, al primer toque de tambor, se quita las sandalias y empieza a cantar su historia.

Fuente: https://colombia2020.elespectador.com

Una línea de nilón que se descuelga desde el techo del Teatro La Candelaria sostiene un vaso de agua, iluminado por una luz cenital de un tenue amarillo. Esta sala, un lugar casi sagrado del arte colombiano, se ha convertido en una especie de espejo de los conflictos sociales del país. Por aquí han pasado el nacimiento de las guerrillas liberales, los primeros traficantes de droga, los cadáveres que navegaban los ríos del país y los comuneros que se rebelaron contra el virreinato de la Nueva Granada.

Pasaron incluso el cura guerrillero Camilo Torres y hasta el Quijote y Sancho Panza.
Ahora, será el escenario de una historia que rompe todos los moldes del emblemático grupo creado por el maestro Santiago García. César ‘Coco’ Badillo, un curtido actor y director que lleva casi cuarenta años de batalla con el grupo, cuenta que la nueva obra partió de un tema central: el agua, esa misma que ahora cuelga resguardada como un tesoro.

Los integrantes de La Candelaria se reunieron en noviembre del 2016 para encontrar la materia prima de su nueva creación y ahí fue cuando Fernando ‘Piyó’ Mendoza, uno de sus actores emblemáticos, sugirió el precioso líquido. “Piyó se hizo todo una exposición de la necesidad del agua, el cuerpo, el mundo y la desaparición… Ese día salieron once temas y eso hace parte del proceso y de detectar el inconsciente del grupo y las necesidades del equipo”, apunta Badillo, quien dirige esta nueva producción.

A un poco más de tres meses del estreno, los 13 actores que protagonizan la producción se dividieron en grupos. En la sala principal, por ejemplo, Diego Vargas, César Amézquita y Leonardo Fernández ensayan una escena física ante un espectador de lujo, Piyó Mendoza, quien los observa en silencio.

Cuando su tiempo de ensayo se consume, ingresan otros actores, como Luis Hernando ‘Poli’ Forero, Adelaida Otálora y Rafael Giraldo ‘Paletas’, quienes a partir de la canción ‘Faltó un pañuelo’ compusieron un irónico repaso de 30 años de historia colombiana.

Así, los actores van perfeccionando cada cuadro que será un eslabón de esa cadena teatral que el grupo construye a partir de improvisaciones y de la creación colectiva. Ese método, instaurado por el maestro García hace más de cuatro décadas, se ha convertido en la brújula de unos procesos que pueden tomar años.

“Por ejemplo, Santiago duró estudiando ‘El Quijote’ tres años, luego nos la trajo y duramos otros dos trabajando –en 2019, la pieza celebra 20 años–… Son unas obras que cogen algo especial, pero la creación colectiva no garantiza nada, igual que el teatro posdramático y dramático tampoco lo hacen”, asegura Badillo.

31 de mayo

En la mitad de la calle San Miguel del Príncipe, en el empinado barrio de La Candelaria, se empieza a escuchar una desigual sinfonía de percusiones y bajos que se produce en los talleres de música que el grupo realiza los jueves en la mañana. Esta sesión tiene como invitada a la música Ivonne Caicedo, quien ayudará a los artistas limpiar esa mezcla de sonidos que en este momento, acepta Badillo, tiene el ritmo de un aguacero.

La experimentación también se centra en las voces, diversas como todo en el grupo. Badillo cuenta que han descubierto que los artistas procedentes de las cordilleras desarrollan más los tonos bajos, mientras que los de los desiertos y las llanuras perfeccionan los agudos. Este último es el caso de la actriz guajira Carmiña Martínez, que justo ahora improvisa un canto en medio del círculo que forman todos sus compañeros.

“La música ha sido también un proceso muy difícil porque hay que inventársela y para inventársela hay que conciliar con otros trece. Y por otro lado se tiene que entender, la música tiene unas reglas, se puede hacer todo lo que uno quiere pero siempre tiene que haber ritmo, melodía, afinación”, explica ‘Poli’ Forero, el integrante con más conocimientos en este terreno.

En un costado de la sala, un cartel marca las 17 escenas que hasta ahora componen el montaje, en el que al agua se sumaron otros dos asuntos: el poder y la familia. “Lo que queríamos era probar cuáles son las tres sazones que puede tener este proyecto y dónde hay que echar una especia. Yo la llamo más sazón que hilo porque esto va a ser una cosa no tan clásica, para que la gente se agarre más de los estados, de la energía musical, del dolor de un personaje, que de elementos de una trama”, cuenta Badillo.

El maestro García solía decir que no titulaba las obras con antelación pues eran una especie de ‘feto’ y no se sabía si iban a ser hombre, mujer o hasta un monstruo. “A eso se le pone el nombre después de que nace”, bromeaba.

Esa metáfora del feto de García se materializa al ver esta sesión de trabajo. Es como un parto suspendido en el tiempo en el que se empieza a levantar una arquitectura inclasificable, cimentada en los destellos de estos artesanos de la creación.
Pero aun faltan muchos pisos por rellenar, como cuenta Badillo. “Ya tenemos el esqueleto, un esqueleto que está sin nada en cuanto a lo plástico, a la actuación incluso. Mejor dicho, lo que falta es empezar a detallar y a ponerle toda la carne interior a cada piecita”.

Refracción

En esta pieza, que estará en el Festival de Teatro de Manizales, se plantea la idea de que los humanos son invitados en la tierra, y la naturaleza y los animales son sus anfitriones.

22 de junio

Rafael Giraldo ‘Paletas’, lleva una bata multicolor, pintada con los colores de un guacamole. Está sentado al lado de Carmiña Martínez y ambos hacen parte de una escena protagonizada por cinco parejas. El objetivo de esta secuencia es reforzar un concepto que cada vez toma más fuerza en la nueva obra: los seres humanos son invitados en la tierra, y los animales y la naturaleza son los anfitriones.

Y puede que una escena vista al azar sea un símbolo aislado, pero el objetivo es que en conjunto adquiera potencia. Por eso la tarea de Badillo es crear la minucia y el tejido del montaje. 

“La experiencia ha sido bastante fuerte, intensa en el sentido de saber manejar un equipo tan ducho, tan sabio, tan propositivo, tan argumentativo, en el que una escena puede reventar en otra propuesta estética. Y también se discute y hay que saber escuchar y tejer mi idea con las ideas de trece”, cuenta el director sobre el proceso.

Una de las certezas en este momento del proceso es el título de la obra: ‘Refracción’. Ese concepto de la multiplicación de la luz también se refleja en los procesos de ensayos, que se sienten como estar presenciando una representación física de la teoría del caos, pues cualquier aleteo, cualquier sugerencia, pueden causar una reacción en cadena que reordena todo el rompecabezas.

Incluso ya desde la estética del montaje y la narrativa se siente una apuesta mucho más disruptiva. Se está cocinando un nuevo lenguaje que responde a ese complejo tema del media ambiente.

“Ha sido extraño para nosotros mismos también, porque es La Candelaria hablando del medio ambiente, que cosa más extraña. Eso lo sentía yo por dentro: ‘¿Qué hibrido iremos a dar? Pero no, uno se va metiendo en el cuento y le encuentra la profundidady la relevancia que tiene en estos momentos hablar del medio ambiente”, explica Carmiña Martínez.

El feto cada vez toma más forma y la idea de Badillo es fortalecerlo para luego hacerlo entrar al caos. “Primero armémosle la estructura y luego la enloquecemos”, les dice a los actores.

Refracción

César ‘Coco’ Badillo, director de esta creación colectiva.

Foto:

Claudia Rubio. EL TIEMPO

10 de agosto

En los camerinos, al frente de un largo espejo horizontal emplazado en una pared roja, César Amézquita le da unos últimos retoques a una calavera, Adelaida Otálora lanza unas instrucciones sobre la escena final y Nohra González hace ejercicios de resonancia para calentar la voz. Badillo entra dando la campanada de que faltan cinco minutos para la función y el público está por ingresar. 

Afuera, en el amplio patio, adornado por imágenes históricas de Santiago García, Francisco Martínez y Fernando Peñuela, están a la espera decenas de estudiantes del colegio Guillermo Quevedo. Ellos serán los primeros testigos de esta función de preestreno de la nueva creación de La Candelaria.

En el escenario, varias máscaras de animales, con rasgos exagerados, están desperdigadas por el escenario. Parecen ser las sobrevivientes de un cataclismo implacable.

Es la antesala de una historia en la que la destrucción del medio ambiente se cuenta a través de la óptica de los animales. Es también un homenaje a las etnias que rezan agradecidas y cuidan las tierras que les regalaron sus ancestros. Y también es una visión con cierto sarcasmo sobre una raza que no ha aprendido a valorar sus recursos naturales, que se acostumbró a vivir en el infierno de la devastación y ahora se ahoga en el río de sus propios excesos.

En ‘Refracción’, mientras no se apague el sol, el grupo ha explorado también con la corporalidad y con el vestuario, que tiene rasgos antropomórficos. Son experimentos que se han tenido que decantar para lograr potenciar el mensaje. 

“En esto del arte siempre hay una percepción, no hay una certeza, entonces hemos seguido insistiendo y ya se está asomando un conflicto desde el punto de visto teatral más real, que es la relación entre los seres humanos y los animales”, dice Forero.

Luego de la primera función con público, Badillo es consciente que el proceso continúa, que hay que pulir, pulir y pulir antes del estreno. Y sobre todo afirma que esta es una apuesta para preguntar, no para responder. “No podemos medir la consecuencia de estos símbolos, cada uno lee lo que siente porque somos una singularidad, cada uno es una huella digital”, le dice el director al auditorio.

El caos creativo seguirá dando frutos en el grupo. Es esa invención permanente que los artistas han sabido continuar tras el retiro del maestro García, que hace unos cinco años se refugió en su intimidad y guardó los secretos de su genialidad, ante los problemas de salud que genera el inclemente paso del tiempo (en diciembre próximo cumplirá los 90 años).

“La manera de asumir que tenemos Patricia, Paletas, yo u otras personas, nunca será igual a Santiago. Digamos que no hay un esquema a copiar, hay es una actitud, primero que todo ética. Y de ahí todas las posiciones estéticas que cada uno tenemos”, finaliza Badillo.

¿Dónde y cuándo?

‘Refracción’ se estrena el 24 de agosto. Funciones: miércoles a sábados, 7:30 p. m. Teatro La Candelaria. Calle 12 n.° 2-59. Informes: 281-4814.

Fuente: https://www.eltiempo.com

Producciones de México, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Brasil, España y Colombia competirán por el Premio Horizontes.

Doce largometrajes producidos, dirigidos o ambientados en América Latina competirán por el Premio Horizontes en el próximo Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que se celebra entre los días 21 y 29 de septiembre en esa ciudad del norte de España.

Este apartado incluirá producciones de México, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Brasil, España y Colombia, algunas de ellas coproducidas con países europeos.

La sección se inaugurará con “Las herederas“, del paraguayo Marcelo Martinessi, que logró el Premio Alfred Bauer, el Fipresci y el Oso de Plata a la mejor actriz (Ana Brun) en la pasada edición del Festival de Cine de Berlín.

La sección contará también con la última película de Julio Hernández Cordón, quien ya ganó el Premio Horizontes en 2008 y que en esta ocasión presenta, tras pasar por Cannes, la película “Cómprame un revolver“, una distopía situada en un México donde las mujeres están desapareciendo.

El motoarrebatador“, primer largometraje del argentino Agustín Toscano, “Enigma“, del chileno Ignacio Juricic Merillán, y “Familia sumergida“, de la argentina María Alché, participante de la sección Cine en Construcción el pasado año, también aspiran al Premio Horizontes de esta edición del Festival.

Además, el brasileño Aly Muritibia acudirá con “Ferrugem / Rust“, ganadora del Premio de la Insustria de Cine en Construcción 2017, mientras que el argentino Eugenio Canevari presentará “Figuras”, la historia de una inmigrante argentina en España aquejada de esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

La noche de 12 años“, del uruguayo Álvaro Brechner, competirá tras pasar por el Festival de Venecia, del mismo modo que “Nuestro tiempo”, del mexicano Carlos Reygadas, que llegará a San Sebastián tras competir en la sección oficial del festival italiano.

La sección se completa con “Los silencios“, de la brasileña Beatriz Seigner, que ganó el Premio Cine en Construcción 33; “Marilyn“, ópera prima del argentino Martín Rodríguez Redondo, que la estrenó en Berlín; y “Sueño Florianópolis“, el último trabajo de la argentina Ana Katz, con el que recibió el premio Fipresci, el especial de jurado y el de mejor actriz (Mercedes Morán) en el festival Karlovy Vary.

De todas estas películas, las que son primeras y segundas obras de sus autores (“Familia sumergida”, “Ferrugem / Rust”, “Las herederas”, “El motoarrebatador”, “Marilyn”, “Figuras”, “Los silencios”, y “Enigma”) aspiran también al Premio de la Juventud del Zinemaldia.

Fuente: https://www.elespectador.com