—Yo nunca fui a un colegio. En mi época no teníamos estudios. No es como ahora, que mandan profesores al campo. Yo tengo todas mis composiciones aquí, en mi cabeza. Es el talento con el que nací. Yo no sé leer ni escribir, pero me dicen maestra.

Ceferina Banquez ha compuesto más de 30 canciones. Sentada en una sala de ensayos de Barcelona, rodeada por los músicos que la acompañarán en su concierto de esta noche, la cantadora de bullerengue me mira con sus ojos acuosos y me pregunta: “¿Ya estás grabando?”. Aunque nació hace 75 años, el 3 de febrero de 1943, en María la Baja, departamento de Bolívar, Ceferina Banquez siempre empieza contando su historia partiendo del día en que se convirtió en una desplazada.

—En el 2001 mi finca de Guamanga se quedó sola. Tuvimos que abandonarla porque había mucha violencia por ahí. La gente tuvo que salir huyendo. Mataban los paracos y mataba la guerrilla. Yo me fui pa’l Magdalena con mis hijos y encontré trabajo en una finca de palma. Estando allá me mataron un primo hermano y a otros familiares cercanos por parte de mi mamá.

Ceferina Banquez llegó a Guamanga a los nueve años. En Guamanga conoció a Francisco Miranda, el hombre con el que se casó a los 17. En Guamanga nacieron y crecieron sus seis hijos: tres mujeres y tres hombres. Cuando el papá de sus hijos falleció a causa de un derrame cerebral, el más pequeño tenía nueve meses de nacido. La tierra era su único medio de sustento. Antes de que el conflicto armado de Colombia la obligara a huir de su finca, Ceferina Banquez sembraba plátanos, yuca, ñame, arroz. “Si salí de la finca fue por la violencia”, dice. “Allá no se quedó nadie. Es muy duro ver que matan a tus hijos, a tu papá, a tu mamá. Por eso varios de mis vecinos, a los que les mataron a sus familiares más cercanos, se fueron y no volvieron más”.

La cantadora, que lleva un mes paseando su bullerengue por ciudades europeas, fue Reina del Bullerengue del Festival de María la Baja (2009).Fue ganadora del Premio a la Dedicación del Enriquecimiento de la Cultura Ancestral de las Comunidades Negras, Raizales, Palenqueras y Afrocolombianas (2013), otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia por su disco Cantos ancestrales de Guamanga (2010). También fue protagonista del documental Cantadora: memoria de vida y muerte en Colombia (2016), dirigido por María Fernanda Carrillo. Este verano ha actuado en Madrid, Barcelona, París, Lyon, Gotemburgo y Viena, donde ella y su sobrino, el músico Juan David Banquez Mendoza, perdieron el avión que los llevaría de vuelta a Colombia. El vuelo perdido se convirtió en la excusa para regresar a España y organizar un segundo concierto en Barcelona, el que ofrecerá esta noche, acompañada por su sobrino y los músicos y las coristas del grupo Guayabera Sessions. “Ahora, después de vieja, es que yo estoy disfrutando. Imagínate, la mayoría de las cantadoras somos pobres y campesinas. Quién me iba a decir que mi canto llegaría aquí, al fin del mundo”.

El canto de Ceferina Banquez es penetrante, jubiloso y a veces lastimero. Todas sus tías, por parte de su mamá, María Epifanía Teherán, y de su papá, Eduardo Banquez, fueron cantadoras de bullerengue. El bullerengue es un baile que se canta. Dicen que llegó a las tierras de Córdoba, Bolívar y Urabá gracias a los negros africanos que se sublevaron y levantaron sus pueblos libres cerca de Cartagena.El bullerengue precisa de una voz de mujer, que será la principal, de un coro, toque de palmas, o tablas, y dos tambores: el alegre y el llamador. Hubo un tiempo en que María de los Reyes Teherán (Reyita), María del Carmen Teherán y Petrona Banquez —tías de Ceferina— iban a cantar a los pueblos, no por dinero, sino para divertirse: “A las cantadoras de antes no les daban paga, solo les ofrecían ron. Una componía un verso y otra, otro verso. Cuando ellas cantaban, yo me quedaba escuchando como un loro”. Alguien vaticinó que la cantadora de Guamanga seguiría los pasos de sus tías. A los ocho años reconocía las tres variantes rítmicas del bullerengue: el senta’o, el fandango y la chalupa. Tenía una voz diáfana y habilidad para componer canciones basadas en sus fatigas cotidianas.

Lea también: El caminar como un acto de resistencia​

—“¡Cefe, ven a cantar! Tú eres la que va a reemplazar a tu tía Reyita”, me decía un tío. Y yo me ponía a cantar. A veces un niño decía: “Vamos a correr, a ver quién se pasa”, y yo salía corriendo. Un día, jugando así, me caí y me partí la nariz. De ahí saqué un bullerengue que dice: Llorando cantando / llorando cantando / y echando sangre por la nariz / y echando sangre por la nariz. / Y yo que brincaba / y yo que saltaba / y echando sangre por la nariz / y echando sangre por la nariz. “Tú eres la que va a reemplazar a Reyita y a Carmen. Tú vas a ser una gran cantadora”, me decía mi tío.

Lo intentó cuando tenía 23 años y ya era madre de tres hijos.

Ceferina Banquez quería cantar bullerengue en las fiestas, pero antes debía consultarlo con su esposo. “Me dijo que no, que él no se iba a quedar con los pela’os pa’ que yo saliera a cantar y a beber ron. Y yo jamás he bebido ron, por cobardía, porque no sé si el ron me va a poner a decir malas palabras. Con mi segundo marido pasó igual, me decía que no fuera a cantar a las fiestas porque las cantadoras siempre se enamoran del tamborero. ¿Qué podía hacer? Me dediqué a criar mis hijos y me olvidé del canto”.

Ceferina Banquez despertó una mañana pensando en lo que había soñado durante la noche. De su cabeza nacieron versos como flores de duelo. Desde ese día, sus composiciones le sirven para ahuyentar los horrores de la violencia. También le canta a la memoria de sus ancestros, a los saberes que no se aprenden en la escuela, a las manos que cultivan el campo, a los misterios de la vida y la muerte, a una niña que llora porque su madre se fue a trabajar la tierra en los Montes de María.

—Yo empecé a cantar por mi dolor. En el 2006 fui cogiendo ánimos para volver a Guamanga. En el 2007 regresé. Cuando iba por el camino, rumbo a mi finca, pasé por la casa de un vecino. A mi vecino lo mataron, y le mataron un hijo. Los mataron y los dejaron ahí, en el camino, como si fueran perros. Me dolió tanto que me fui a dormir pensando en eso. Al otro día hice una composición en décimas que se llama “Como yo soy desplazada”. Me preguntaba: ¿por qué tanta violencia? ¿Por qué matar a las personas así, sin motivo? ¿Cómo hacía uno para vivir en el campo?

Dice Ceferina que quienes más sufren los embates de la violencia son ellos: los campesinos. Según el informe anual Tendencias Globales, publicado en junio de 2018 por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Colombia sigue siendo el país con más desplazados internos del mundo: 7,7 millones de personas se desplazaron en 2017. “Si bien los frutos del cese de la confrontación armada han sido evidentes”, dice el informe de ACNUR, “también lo han sido los desafíos y vacíos de protección que siguen representando algunas regiones del país”. Ceferina Banquez no ha vuelto a dejar su finca. “Yo bajo del monte solo para cantar. Voy, canto, y vuelvo. Ahora estamos sembrando otra vez. Tenemos yuca, plátano, arroz. Quiera Dios que se acaben los desplazamientos en Colombia, que la gente no tenga que dejar su finca botada por culpa de la violencia”.

En pocos minutos, a las 10:30 de una sofocante noche de agosto,Ceferina Banquez volverá a cantar en Barcelona. El local está lleno. “Vino más gente que la primera vez”, dice su sobrino. La cantadora no está nerviosa. Lo dice con una sonrisa tímida, con el semblante tranquilo de su rostro de tez negra y pómulos altos. Lleva una flor en el pelo. Es una flor de tela blanca y azul. Lleva falda y blusa con vuelos, con flores rojas y moradas, y un collar de cuentas trenzadas, y un colgante con forma de corazón. Cuando sube al escenario, Ceferina Banquez saluda al público y, al primer toque de tambor, se quita las sandalias y empieza a cantar su historia.

Fuente: https://colombia2020.elespectador.com

Una línea de nilón que se descuelga desde el techo del Teatro La Candelaria sostiene un vaso de agua, iluminado por una luz cenital de un tenue amarillo. Esta sala, un lugar casi sagrado del arte colombiano, se ha convertido en una especie de espejo de los conflictos sociales del país. Por aquí han pasado el nacimiento de las guerrillas liberales, los primeros traficantes de droga, los cadáveres que navegaban los ríos del país y los comuneros que se rebelaron contra el virreinato de la Nueva Granada.

Pasaron incluso el cura guerrillero Camilo Torres y hasta el Quijote y Sancho Panza.
Ahora, será el escenario de una historia que rompe todos los moldes del emblemático grupo creado por el maestro Santiago García. César ‘Coco’ Badillo, un curtido actor y director que lleva casi cuarenta años de batalla con el grupo, cuenta que la nueva obra partió de un tema central: el agua, esa misma que ahora cuelga resguardada como un tesoro.

Los integrantes de La Candelaria se reunieron en noviembre del 2016 para encontrar la materia prima de su nueva creación y ahí fue cuando Fernando ‘Piyó’ Mendoza, uno de sus actores emblemáticos, sugirió el precioso líquido. “Piyó se hizo todo una exposición de la necesidad del agua, el cuerpo, el mundo y la desaparición… Ese día salieron once temas y eso hace parte del proceso y de detectar el inconsciente del grupo y las necesidades del equipo”, apunta Badillo, quien dirige esta nueva producción.

A un poco más de tres meses del estreno, los 13 actores que protagonizan la producción se dividieron en grupos. En la sala principal, por ejemplo, Diego Vargas, César Amézquita y Leonardo Fernández ensayan una escena física ante un espectador de lujo, Piyó Mendoza, quien los observa en silencio.

Cuando su tiempo de ensayo se consume, ingresan otros actores, como Luis Hernando ‘Poli’ Forero, Adelaida Otálora y Rafael Giraldo ‘Paletas’, quienes a partir de la canción ‘Faltó un pañuelo’ compusieron un irónico repaso de 30 años de historia colombiana.

Así, los actores van perfeccionando cada cuadro que será un eslabón de esa cadena teatral que el grupo construye a partir de improvisaciones y de la creación colectiva. Ese método, instaurado por el maestro García hace más de cuatro décadas, se ha convertido en la brújula de unos procesos que pueden tomar años.

“Por ejemplo, Santiago duró estudiando ‘El Quijote’ tres años, luego nos la trajo y duramos otros dos trabajando –en 2019, la pieza celebra 20 años–… Son unas obras que cogen algo especial, pero la creación colectiva no garantiza nada, igual que el teatro posdramático y dramático tampoco lo hacen”, asegura Badillo.

31 de mayo

En la mitad de la calle San Miguel del Príncipe, en el empinado barrio de La Candelaria, se empieza a escuchar una desigual sinfonía de percusiones y bajos que se produce en los talleres de música que el grupo realiza los jueves en la mañana. Esta sesión tiene como invitada a la música Ivonne Caicedo, quien ayudará a los artistas limpiar esa mezcla de sonidos que en este momento, acepta Badillo, tiene el ritmo de un aguacero.

La experimentación también se centra en las voces, diversas como todo en el grupo. Badillo cuenta que han descubierto que los artistas procedentes de las cordilleras desarrollan más los tonos bajos, mientras que los de los desiertos y las llanuras perfeccionan los agudos. Este último es el caso de la actriz guajira Carmiña Martínez, que justo ahora improvisa un canto en medio del círculo que forman todos sus compañeros.

“La música ha sido también un proceso muy difícil porque hay que inventársela y para inventársela hay que conciliar con otros trece. Y por otro lado se tiene que entender, la música tiene unas reglas, se puede hacer todo lo que uno quiere pero siempre tiene que haber ritmo, melodía, afinación”, explica ‘Poli’ Forero, el integrante con más conocimientos en este terreno.

En un costado de la sala, un cartel marca las 17 escenas que hasta ahora componen el montaje, en el que al agua se sumaron otros dos asuntos: el poder y la familia. “Lo que queríamos era probar cuáles son las tres sazones que puede tener este proyecto y dónde hay que echar una especia. Yo la llamo más sazón que hilo porque esto va a ser una cosa no tan clásica, para que la gente se agarre más de los estados, de la energía musical, del dolor de un personaje, que de elementos de una trama”, cuenta Badillo.

El maestro García solía decir que no titulaba las obras con antelación pues eran una especie de ‘feto’ y no se sabía si iban a ser hombre, mujer o hasta un monstruo. “A eso se le pone el nombre después de que nace”, bromeaba.

Esa metáfora del feto de García se materializa al ver esta sesión de trabajo. Es como un parto suspendido en el tiempo en el que se empieza a levantar una arquitectura inclasificable, cimentada en los destellos de estos artesanos de la creación.
Pero aun faltan muchos pisos por rellenar, como cuenta Badillo. “Ya tenemos el esqueleto, un esqueleto que está sin nada en cuanto a lo plástico, a la actuación incluso. Mejor dicho, lo que falta es empezar a detallar y a ponerle toda la carne interior a cada piecita”.

Refracción

En esta pieza, que estará en el Festival de Teatro de Manizales, se plantea la idea de que los humanos son invitados en la tierra, y la naturaleza y los animales son sus anfitriones.

22 de junio

Rafael Giraldo ‘Paletas’, lleva una bata multicolor, pintada con los colores de un guacamole. Está sentado al lado de Carmiña Martínez y ambos hacen parte de una escena protagonizada por cinco parejas. El objetivo de esta secuencia es reforzar un concepto que cada vez toma más fuerza en la nueva obra: los seres humanos son invitados en la tierra, y los animales y la naturaleza son los anfitriones.

Y puede que una escena vista al azar sea un símbolo aislado, pero el objetivo es que en conjunto adquiera potencia. Por eso la tarea de Badillo es crear la minucia y el tejido del montaje. 

“La experiencia ha sido bastante fuerte, intensa en el sentido de saber manejar un equipo tan ducho, tan sabio, tan propositivo, tan argumentativo, en el que una escena puede reventar en otra propuesta estética. Y también se discute y hay que saber escuchar y tejer mi idea con las ideas de trece”, cuenta el director sobre el proceso.

Una de las certezas en este momento del proceso es el título de la obra: ‘Refracción’. Ese concepto de la multiplicación de la luz también se refleja en los procesos de ensayos, que se sienten como estar presenciando una representación física de la teoría del caos, pues cualquier aleteo, cualquier sugerencia, pueden causar una reacción en cadena que reordena todo el rompecabezas.

Incluso ya desde la estética del montaje y la narrativa se siente una apuesta mucho más disruptiva. Se está cocinando un nuevo lenguaje que responde a ese complejo tema del media ambiente.

“Ha sido extraño para nosotros mismos también, porque es La Candelaria hablando del medio ambiente, que cosa más extraña. Eso lo sentía yo por dentro: ‘¿Qué hibrido iremos a dar? Pero no, uno se va metiendo en el cuento y le encuentra la profundidady la relevancia que tiene en estos momentos hablar del medio ambiente”, explica Carmiña Martínez.

El feto cada vez toma más forma y la idea de Badillo es fortalecerlo para luego hacerlo entrar al caos. “Primero armémosle la estructura y luego la enloquecemos”, les dice a los actores.

Refracción

César ‘Coco’ Badillo, director de esta creación colectiva.

Foto:

Claudia Rubio. EL TIEMPO

10 de agosto

En los camerinos, al frente de un largo espejo horizontal emplazado en una pared roja, César Amézquita le da unos últimos retoques a una calavera, Adelaida Otálora lanza unas instrucciones sobre la escena final y Nohra González hace ejercicios de resonancia para calentar la voz. Badillo entra dando la campanada de que faltan cinco minutos para la función y el público está por ingresar. 

Afuera, en el amplio patio, adornado por imágenes históricas de Santiago García, Francisco Martínez y Fernando Peñuela, están a la espera decenas de estudiantes del colegio Guillermo Quevedo. Ellos serán los primeros testigos de esta función de preestreno de la nueva creación de La Candelaria.

En el escenario, varias máscaras de animales, con rasgos exagerados, están desperdigadas por el escenario. Parecen ser las sobrevivientes de un cataclismo implacable.

Es la antesala de una historia en la que la destrucción del medio ambiente se cuenta a través de la óptica de los animales. Es también un homenaje a las etnias que rezan agradecidas y cuidan las tierras que les regalaron sus ancestros. Y también es una visión con cierto sarcasmo sobre una raza que no ha aprendido a valorar sus recursos naturales, que se acostumbró a vivir en el infierno de la devastación y ahora se ahoga en el río de sus propios excesos.

En ‘Refracción’, mientras no se apague el sol, el grupo ha explorado también con la corporalidad y con el vestuario, que tiene rasgos antropomórficos. Son experimentos que se han tenido que decantar para lograr potenciar el mensaje. 

“En esto del arte siempre hay una percepción, no hay una certeza, entonces hemos seguido insistiendo y ya se está asomando un conflicto desde el punto de visto teatral más real, que es la relación entre los seres humanos y los animales”, dice Forero.

Luego de la primera función con público, Badillo es consciente que el proceso continúa, que hay que pulir, pulir y pulir antes del estreno. Y sobre todo afirma que esta es una apuesta para preguntar, no para responder. “No podemos medir la consecuencia de estos símbolos, cada uno lee lo que siente porque somos una singularidad, cada uno es una huella digital”, le dice el director al auditorio.

El caos creativo seguirá dando frutos en el grupo. Es esa invención permanente que los artistas han sabido continuar tras el retiro del maestro García, que hace unos cinco años se refugió en su intimidad y guardó los secretos de su genialidad, ante los problemas de salud que genera el inclemente paso del tiempo (en diciembre próximo cumplirá los 90 años).

“La manera de asumir que tenemos Patricia, Paletas, yo u otras personas, nunca será igual a Santiago. Digamos que no hay un esquema a copiar, hay es una actitud, primero que todo ética. Y de ahí todas las posiciones estéticas que cada uno tenemos”, finaliza Badillo.

¿Dónde y cuándo?

‘Refracción’ se estrena el 24 de agosto. Funciones: miércoles a sábados, 7:30 p. m. Teatro La Candelaria. Calle 12 n.° 2-59. Informes: 281-4814.

Fuente: https://www.eltiempo.com

Producciones de México, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Brasil, España y Colombia competirán por el Premio Horizontes.

Doce largometrajes producidos, dirigidos o ambientados en América Latina competirán por el Premio Horizontes en el próximo Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que se celebra entre los días 21 y 29 de septiembre en esa ciudad del norte de España.

Este apartado incluirá producciones de México, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Brasil, España y Colombia, algunas de ellas coproducidas con países europeos.

La sección se inaugurará con “Las herederas“, del paraguayo Marcelo Martinessi, que logró el Premio Alfred Bauer, el Fipresci y el Oso de Plata a la mejor actriz (Ana Brun) en la pasada edición del Festival de Cine de Berlín.

La sección contará también con la última película de Julio Hernández Cordón, quien ya ganó el Premio Horizontes en 2008 y que en esta ocasión presenta, tras pasar por Cannes, la película “Cómprame un revolver“, una distopía situada en un México donde las mujeres están desapareciendo.

El motoarrebatador“, primer largometraje del argentino Agustín Toscano, “Enigma“, del chileno Ignacio Juricic Merillán, y “Familia sumergida“, de la argentina María Alché, participante de la sección Cine en Construcción el pasado año, también aspiran al Premio Horizontes de esta edición del Festival.

Además, el brasileño Aly Muritibia acudirá con “Ferrugem / Rust“, ganadora del Premio de la Insustria de Cine en Construcción 2017, mientras que el argentino Eugenio Canevari presentará “Figuras”, la historia de una inmigrante argentina en España aquejada de esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

La noche de 12 años“, del uruguayo Álvaro Brechner, competirá tras pasar por el Festival de Venecia, del mismo modo que “Nuestro tiempo”, del mexicano Carlos Reygadas, que llegará a San Sebastián tras competir en la sección oficial del festival italiano.

La sección se completa con “Los silencios“, de la brasileña Beatriz Seigner, que ganó el Premio Cine en Construcción 33; “Marilyn“, ópera prima del argentino Martín Rodríguez Redondo, que la estrenó en Berlín; y “Sueño Florianópolis“, el último trabajo de la argentina Ana Katz, con el que recibió el premio Fipresci, el especial de jurado y el de mejor actriz (Mercedes Morán) en el festival Karlovy Vary.

De todas estas películas, las que son primeras y segundas obras de sus autores (“Familia sumergida”, “Ferrugem / Rust”, “Las herederas”, “El motoarrebatador”, “Marilyn”, “Figuras”, “Los silencios”, y “Enigma”) aspiran también al Premio de la Juventud del Zinemaldia.

Fuente: https://www.elespectador.com

La Plaza Gardel fue este año el destino de un poco menos de 500 silletas que se forjaron en Santa Elena. Allí llegaron el domingo en la tarde después de recorrer 2.3 kilómetros en las espaldas de los silleteros y de bajar en camionetas desde las veredas del corregimiento del oriente de Medellín. Ahí, donde se dispusieron como una muestra artística, no quedarán más que armazones sin flores.

Este martes es el último día que estarán en la plaza aguantando sol, y lluvia si llega a caer, sirviendo de fondo a las cientos de fotos que alcanzan a tomar en pocos minutos quienes se acercan al sitio para mirarlas y elogiarlas, a tratar de adivinar qué flores son las que las adornan y a expresar su tristeza porque ya se están muriendo.

“Ay, qué pesar, estas rositas ya se dañaron todas”, le dijo una mujer a otra que parece ser su compañera de visita.

Por esa razón las silletas están solo hasta hoy, dejarlas sería convertir la Plaza Gardel en un cementerio de flores.

Las silletas, simplemente, no aguantan más de tres días, pues la falta de hidratación en la flores hace que estas duren mucho menos de lo que podrían permanecer, en buenas condiciones, si estuvieran en un jarrón con agua. Estas del Desfile de Silleteros, por estar pegadas o clavadas sobre cartones, no tienen cómo mantenerse relucientes.

Adicionalmente, no todas las que iban en las silletas fueron cultivadas en Santa Elena o recién arrancadas el sábado cuando empezaron a armar estos monumentos; algunas especies tuvieron que traerse desde Bogotá o Pereira, lo que acorta más la permanencia de su belleza en la silleta.

Allá en la exposición ya se veían tristes las aves del paraíso, los gladiolos, girasoles y cartuchos blancos y amarillos. Algunos anturios tenían insectos volando sobre ellos.

La silleta monumental que le dio el premio Absoluto a Jesús Orlando Grajales este domingo era de las pocas que se veían más vivas. Una mujer lo notó: tenía una sombrilla para taparse del sol y estaba tomando imágenes con su celular; iba sola y buscando iniciar una charla le dijo a otra espectadora que estaba contemplando la misma: “Ve, esa todavía está muy bonita, ¿será que le echan agua?”. Ella le respondió que a ninguna, que esa ganó, justamente, porque sus flores eran mejores y se veían más bellas. Sin embargo, le espera el mismo destino que a las demás.

Decir adiós

Según la Secretaría de Cultura Ciudadana, con ayuda de Emvarias las empezarán a retirar mañana porque su deterioro después del desfile es muy rápido.

Yadira Duque Moncada, directora ejecutiva de la Corporación de Silleteros Santa Elena, cuenta que algunos de los armazones, que es lo único que queda porque son hechos de madera, terminan en la corporación, donde estarán dispuestos para los silleteros que los requieran.

Según el silletero Martín Atehortúa, ganador de 2017 en categoría Artística, las silletas, en general, se pierden, muy pocas sobreviven. Las que duran unos días más son las denominadas Comerciales.

Según Atehortúa, no todas las de esa categoría pueden permanecer casi que intactas más de cinco días. Si es con flores naturales y frescas no lo logra, pero si está hecha con vira vira (que se pueden tinturar) o siempreviva (flores secas) permanecen hasta un mes en las empresas, adonde trasladan algunas, ya que son hechas por encargo.

“Cuando a una silleta se le daña una especie de flor, pierde su vistosidad”, dice Martín, refiriéndose a las comerciales que, si bien hechas con flores secas, tienen una que otra fresca, como los pinochos.

Además, el silletero ha conocido historias de colegas que en los últimos años han pedido algunas como donación con el fin de llevarlas de regreso a sus fincas silleteras en San Elena para restaurarlas y tenerlas exhibidas unos cuantos días más. “Muy pocos lo hacen”, asegura.

Ese es el destino de las silletas. Después de ser aplaudidas y de servir de modelos se van yendo entre los colores desteñidos de flores marchitas que van cayendo al piso de la Plaza Gardel. Sin embargo, el recuerdo se queda en ese desfile y en las muchas fotos. Y ese es el color que cuenta.

Fuente: http://www.elcolombiano.com

‘Pájaros de verano’, película dirigida por los colombianos Cristina Gallego y Ciro Guerra, brilló en el Festival de Cine de Lima.

 

Allí, Cristina Gallego y Ciro Guerra recibieron el premio a Mejor Dirección por parte del jurado de la Competencia de Ficción.

Por su parte, la película “Los muertos y los otros”, de la brasileña Renée Nader Messora y el portugués Joao Salaviza, ganó el premio a la mejor película del 22 Festival de Cine de Lima.

Te puede interesar: ¿Dónde ver Pájaros de Verano?.

El premio a la mejor actriz fue para la paraguaya Ana Brun, por “Las herederas”, y al mejor actor para el argentino Sergio Prina, por “El motoarrebatador”.

Los premios al mejor guión fueron para Beatriz Seigner, por “Los silencios”, a la mejor fotografía para Renée Nader Messora, por “Los muertos y los otros”, a mejor opera prima para “Las herederas”, de Marcelo Martinessi, y la mención especial a ópera prima para “Todos somos marineros”, del peruano Miguel Ángel Moulet.

En la Competencia Documental, el premio a mejor película fue para “El silencio es un cuerpo que cae”, de la argentina Agustina Comedi, y la mención especial para “La búsqueda”, de los españoles Daniel Lagares y Mariano Agudo.

El jurado de la crítica internacional, otorgó su premio a mejor película a “Las buenas maneras”, de los brasileños Juliana Rojas y Marco Dutra, además de menciones especiales a “Las herederas” y a “Pájaros de verano”.

Por otra parte, el premio del público a la mejor cinta internacional fue para “La película de mi vida”, del brasileño Selton Mello, y a película nacional para “Prueba de fondo”, de Óscar Bermeo y Christian Acuña.

El jurado oficial de la competencia de Ficción fue presidido por la productora mexicana Bertha Navarro, e integraron los cineastas venezolanos Gustavo Rondón, el peruano Héctor Gálvez, la argentina Milagros Mumenthaler y la actriz chilena Antonia Zegers.

El Festival de Cine de Lima es organizado de manera anual por la Pontificia Universidad Católica de Lima (PUCP), con el apoyo de la Fundación BBVA Continental.

Fuente: https://www.colombia.com

En el sector Miraflores, del Centro de Medellín, está uno de los murales que engalanan de arte la calle Ayacucho, la misma que recorre el tranvía y lleva al cable La Sierra.

El sonido de acordeones, timbales o beats ensordecen a muchos por estos días, cuando en las 16 comunas y los cinco corregimientos de Medellín hay conciertos o tablados, como son conocidos estos espacios de la Feria de las Flores. También los descomponen las multitudes y los caos en el tráfico que esa aglomeraciones traen.

Escaparse es la opción de aquellos que no gozan al ritmo de otros. Los días de fiesta requieren de paciencia para quienes están en la ciudad y no quieren hacer parte. No es fácil lidiar con los cierres viales y una andanada de eventos, con uno que otro que se pasó de copas y la algarabía de los primeros días de agosto.

Entonces, ¿qué hacer si no es de los que se tercian el carril, se ponen el sombrero y se cuelgan el poncho? ¿O si no encuentra atractivo armar plan para ver los desfiles de carros antiguos o silleteros? Aunque no parezca hay una amplia oferta, paralela a la Feria. Eso sí, como sea, la recomendación es dejar el carro en casa y usar el transporte público.

Recorrer el pasado

Para Juliana Cardona, subsecretaria de Turismo de Medellín, la oferta turística por estos días no se limita a la Feria. Hay para todos los gustos, y recomienda un recorrido en tranvía para hacer estación en la calle Ayacucho, caminar y degustar la gastronomía local en Mercados del Río.

“También en transporte público, haciendo un pase en metro, tranvía y metrocable se puede llegar al Parque Arví, en Santa Elena, donde se pueden hacer caminatas ecológicas, paseos en bicicleta, picnic y conocer la oferta en fauna, flora y habiturismo”.

Nunca es tarde para conocer los lugares que han marcado la transformación urbanística y social de Medellín y que le han merecido el reconocimiento internacional como una ciudad resiliente. El graffitour, en la comuna 13, se ha convertido en un recorrido icónico. Encontrará cafés y paredes que cuentan historias.

Las artes escénicas son otra buena opción para extraerse de los eventos de la Feria, considera Sergio Restrepo, exdirector del Teatro Pablo Tobón Uribe y gerente del Claustro Comfama, quien recuerda que hay una agenda de salas como las del Matacandelas, Ateneo Porfirio Barba Jacob y Hora 25 con programación para el fin de semana.

“En San Ignacio tenemos el programa Ponte Salsa, todos los domingos, una opción en la que se disfruta gratuitamente de la buena música en vivo y se aprovecha para recorrer el Centro de la ciudad”.

A continuación, le mostramos opciones para desconectarse, sin salir del Valle de Aburrá, disfrutando de naturaleza, gastronomía, cultura y, por qué no, de la música a un volumen que soporte. Estas fueron ideas que nos dieron en las redes sociales de EL COLOMBIANO.

Porque no todo tiene que ser flores. Y al final le queda también irse de día de sol, como a Santa Fe de Antioquia o a Sopetrán.

EL ESPLENDOR DE LA NATURALEZA EN ARVÍ

Image

Este parque está certificado en sostenibilidad. Ubicado en el corregimiento Santa Elena, oriente de Medellín, es considerado el pulmón verde de la ciudad, con casi 2.000 hectáreas para el disfrute de sus visitantes.

Es reconocido por realizar turismo de naturaleza, avistamiento de aves, caminar, montar en bicicleta y disfrutar de un picnic. A él se llega en metrocable, línea L.

LEGADO ARQUITECTÓNICO Y CULTURAL

Image

El Museo de Antioquia es el primero que se fundó en el departamento (29 de noviembre de 1881) y el segundo que abrió sus puertas en Colombia. En sus salas se exhiben más de 5.000 piezas y una variedad de exposiciones temporales e itinerantes de artistas nacionales e internacionales. Está ubicado en el Centro de Medellín y para llegar a él pude usar el metro, bajándose en estación Berrío.

SANTUARIO DE LA SANTA MADRE LAURA

Image

La vida de la única santa de Colombia está llena de historia, y en el barrio Belencito, occidente de Medellín, está su santuario, en el lugar en el que vivió durante 9 años.

Allí también se visita el Templo de la Luz y el archivo donde están los escritos de la Santa, el Museo.

Se llega en metro hasta la estación San Javier y luego se toma una ruta de bus integrada.

PLAZA BOTERO, ÍCONO DE TRANSFORMACIÓN

Image

Un referente de la Medellín resiliente. Plaza Botero contiene la mayor exhibición de esculturas al aire libre en el mundo del artista antioqueño Fernando Botero. Aquí podrá tocar, sentir y experimentar las formas y texturas de estas 23 obras monumentales que hacen de este lugar un ícono de la expresión artística a nivel mundial. Está ubicada en el Centro y se llega en metro bajándose en la estación Berrío.

ESPACIO EN HONOR A LAS VÍCTIMAS

Image

El Museo Casa de la Memoria, creado en 2006, por iniciativa del Programa de Atención de Víctimas de Medellín, es considerado el primero en el país que recurre a la memoria histórica del conflicto armado en la ciudad y busca que no se olvide el dolor de las víctimas. Allí se puede entender lo que ocurrió y transformar hechos violentos en aprendizajes. El tranvía lo deja en la estación Bicentenario, cerca al museo.

Fuente: http://www.elcolombiano.com

Robin Wright se refirió al tema de acoso sexual de Kevin Spacey y dijo que “no conocía al hombre”, solo a su compañero de trabajo.

Es el turno de Claire Underwood en la popular serie de Netflix, House of Cards. Ese fue el mensaje de la plataforma de televisión por internet al anunciar la esperada fecha de estreno de la temporada final del programa. El 2 de noviembre será el día en el que estarán disponibles todos los episodios de esta última entrega.

Claire, interpretada por Robin Wright, será la protagonista de la sexta temporada de la serie en lugar de Francis Underwood (Kevin Spacey), debido al escándalo por acoso sexual en el que el actor está involucrado desde hace casi un año y que obligó a Netflix a retirarlo del elenco y prescindir de él, su personaje principal, en esta nueva temporada.

Será entonces el 2 de noviembre cuando se conozca cómo Netflix le dará fin a House of Cards, una de sus series más populares y de las primeras que enganchó a las personas a la plataforma de televisión por internet, junto con otras como Narcos y Orange is The New Black, que estrenó una temporada recientemente y por ahora tiene una más en camino.

¿Qué pasará?

Como de costumbre, el anuncio de la fecha de estreno se dio en cada red social en la que House of Cards tiene un perfil. Esta vez, el afiche promocional tiene como protagonista a Claire, sentada en extraño sofá de piedra y lastimándose, hasta sangrar, su mano derecha.

La actualización más reciente sobre el desenlace de la serie había sido el pasado 4 de julio cuando circuló “un mensaje de la presidenta de Estados Unidos”, Claire Underwood, en el que deseaba un feliz Día de la Independencia.

La pregunta más recurrente que han dejado los usuarios en las imágenes promocionales de la última temporada en redes sociales, es qué pasará con Francis, qué argumento usarán para retirarlo de la historia.

Desde la quinta temporada, Claire ya había asumido un papel protagónico al ocupar el cargo de el señor Underwood, pero él, hasta ese momento, continuaría en la trama, algo que ahora no sucederá.

House of Cards había suspendido sus grabaciones en octubre de 2017 tras analizar la situación de Kevin Spacey y las retomó sin él el pasado 31 de enero con el fin de terminar este drama político.

Fuente: http://www.elcolombiano.com

 

“Me voy para Medellín, a la Feria de Las Flores. Me voy a encontrar allí mis querencias, mis amores”, y es que ¿qué antioqueño no recuerda este famoso coro?

Desde 1994, el Combo de las Estrellas puso a bailar a los paisas con esta canción tropical que exalta en una combinación magistral las raíces que brotan de la tierra de la eterna primavera: los silleteros, los buñuelos, las arepas, jardines florecidos y sus mujeres como diosas.

Preparándose para esta época de celebración, el Combo de las Estrellas y la banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia se propusieron darle un aire simbólico a Me Voy Para Medellín, una canción que durante tantos años ha sido un sinónimo de la Feria.

Aunque la canción original dura un poco más de tres minutos, el arreglo sinfónico tiene una duración de cinco minutos y medio e integra, además, una introducción instrumental que parte de Antioqueñita, obra original del grupo Garzón y Collazos.

“La intención no fue hacer una nueva versión de la canción. Hicimos el arreglo como si estuviéramos abordando un hecho descriptivo, afectivo, cultural y simbólico. Tomamos estos elementos tan importantes que superaban el hecho de hacer una canción”, contó el maestro Fernando Pabón, director de la Banda Sinfónica de la U. de A. y quien también fue trombonista del Combo de las Estrellas durante 17 años.

La pieza sinfónica y tropical incluyó también textos adicionales que estuvieron a cargo de Alejandro González, actual vocalista del Combo de Las Estrellas.

El resultado de la creación y grabación del arreglo ha sido sorprendente hasta para la misma Sinfónica, su director y el Combo de las Estrellas. “Es una expresión con sentido paisa puro que a través de las nuevas líneas y nuevas plataformas del mundo actual se está ampliando a magnitudes que no esperábamos”, comentó Pabón.

“Muchas personas nos han llamado desde EE.UU. y Europa para contarnos que lloran cuando escuchan la canción, como si fuera casi un himno en la lejanía”, dijo. Además, muchas personas ya están usando la canción para hacer sus propios montajes fotográficos de la Feria de Las Flores con la canción.

Inspiraciones previas

No es la primera vez que la música tropical colombiana se topa con los oboes, violonchelos, saxofones y flautas de una sinfónica. El proyecto de Me Voy Para Medellín tuvo precedentes que nacieron hace aproximadamente 10 años, cuando se gestó la idea de un proyecto llamado Fruko Sinfónico.

“Fue allí donde rompimos los estigmas de lo que mal se llamaba ‘alta cultura’ y lo que se llamaba ‘baja cultura’”, afirmó el maestro de la Universidad de Antioquia. Canciones como Tania, El Preso y Manyoma tuvieron un aire diferente y que inspiraron la grabación de un disco, un DVD y conciertos por varias ciudades del país.

El director tuvo también experiencia en la fusión social y cultural del fútbol con el proyecto de la Secretaría de Juventud llamado Así suena el Fútbol y otro llamado Así Suena Macondo junto a la Sinfónica de la U. de A.

Tras todo este bagaje por mundos diversos puestos en sinfónica, el Combo de las Estrellas y el grupo de universitario de músicos se unieron para grabar el nuevo arreglo en video y publicarlo en YouTube.

El resultado más grande, además del vínculo emocional que ha generado el video, es que el grupo de música clásica y el combo tropical colaborará nuevamente en octubre para rendirle un homenaje al maestro Lucho Bermúdez y publicará una grabación de 10 minutos donde se interpretarán algunas canciones tradicionales del compositor colombiano.

Fuente: http://www.elcolombiano.com

Es un día que hace parte de la horticultura de Antioquia, es un gran evento que conglomera a un gran número de turistas que buscan sumergirse en esta fiesta que resalta la cultura antioqueña y la gran diversidad en materia de flores que posee el país. El evento central en medio de esta feria es el desfile de silleteros, que resalta una tradición de generaciones y que en silletas recoge un trabajo artístico que por medio de flores destaca paisajes autóctonos.

Fuente: http://www.colombia.co

“Creo que hemos llegado un poco al límite de lo que podemos hacer”. Ciro Guerra hace un ejercicio de reflexión acerca de su trabajo. Su filmografía es breve: cuatro largometrajes y un documental, suficientes para obtener el reconocimiento dentro y fuera de Colombia.

“Uno aprende a tener más ojo y a tomar decisiones más calculadas… Ahora, las ideas que tenemos hacia el futuro no son más chiquitas”, acota Cristina Gallego, productora habitual de Guerra y codirectora de su más reciente película.

Después de ‘La sombra del caminante’, ‘Los viajes del viento’ y la nominada al Óscar en 2016 ‘El abrazo de la serpiente’, Guerra y Gallego se montaron, hace casi una década, en el que es, hasta el momento, el proyecto más ambicioso de sus carreras en términos creativos y de producción. La idea fue de ella, pero él apoyó su desarrollo (en el guion también trabajaron María Camila Arias y Jacques Toulemonde). El miércoles primero de agosto es la premiere en Bogotá de ‘Pájaros de verano’ y desde el jueves 2 se medirá con el público colombiano en las salas de cine.

Fuente: https://www.google.com.co