La ópera prima del director colombiano tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Róterdam y participará en la edición 58 del FICCI. Arcadia conversó con él sobre su trayectoria y su obsesión con las bibliotecas.
Pasillos alargados, salas amplias y anaqueles llenos de material bibliográfico, revistas, libros de referencia y colecciones patrimoniales. Así son las bibliotecas: centros que contienen la cultura, lugares de tránsito para las personas que buscan el conocimiento, una comunidad o un espacio para pensar.

Las bibliotecas, su contenido y su relación con lo que las rodea son elementos que han sido explorados por el artista plástico Sebastián Múnera en proyectos como La imagen perdida, Balthazar, Foyer y La biblioteca troglodita. Son muestras, intervenciones y reflexiones que indagan por la arquitectura, la institucionalidad y el archivo fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín.

Luego de cuatro años de trabajo Múnera encontró en lo audiovisual la posibilidad de consumar las manifestaciones artísticas que ha explorado a través del tiempo. A principios de este año presentó La torre, un largometraje y una experiencia visual que a través de tres personajes revela una única imagen de un atentado que sufrió la Biblioteca Pública Piloto. La película se estrenó el pasado domingo 28 de enero en la edición número 47 del Festival Internacional de Cine de Róterdam, en la categoría ‘Bright Future’, y hace parte de la Selección Oficial de Cine Colombiano del Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI) de este año.
¿Qué bibliotecas exploró antes de la Biblioteca Pública Piloto?

La primera biblioteca donde hice una intervención artística fue la Gonzalo Vidal, en Ayacucho, en el Centro de Medellín. Lo que hice fue disponer de dibujos escondidos en diferentes espacios de la biblioteca para activar otros objetos, historias y usuarios que estaban ahí.

Luego, en la Efe Gómez hice una exposición que se llamó Pecado original, que consistía en hacer diferentes tipos de intervenciones en la parte central de la biblioteca: seleccionaba libros y los hacía visibles. La idea era coger el ‘fruto prohibido’, tomar las imágenes de otros y volverlas propias en una especie de acto creativo liberador. También, durante una residencia en Cali, trabajé en un centro de documentación e hice una reflexión sobre cómo las bibliotecas no son lugares estáticos para guardar información, sino todo lo contrario, son espacios de puro movimiento y energía.

Luego, cuando había paro en mi universidad, me iba para la Biblioteca Pública Piloto y me ‘engomé’ con ella. Con el proyecto Estar ahí encontré una forma de habitar este lugar tan especial. Es una biblioteca muy particular: es la primera biblioteca pública de Medellín, tenía anaqueles viejos y era la base de las artes plásticas visuales en Medellín. Se creó para educar a todo el barrio obrero del Carlos E, y aún conserva una gran colección de literatura latinoamericana. La biblioteca empezaba a habitarse por personajes extraños, habitantes del barrio, que ya eran como objetos predeterminados de ese lugar: el que duerme, el que la recorre, el que chismosea. También están los bibliotecarios que son guardianes y a la vez mensajeros y te llevan por esos pasillos alargados al lugar donde tú tienes que encontrar la respuesta a esa pregunta que estás tratando de resolver. Todas estas cosas me empezaron a cambiar.

¿En qué se basa ese camino artístico tan particular en torno a las bibliotecas?

El acercamiento a las bibliotecas surge porque me llama la atención cómo estos espacios dan pie a un momento de comunicación, es decir, todos los archivos y colecciones están a la espera de interacción. Me parecen abrumadores porque son unos espacios para la revelación, espacios poéticos para encontrarse a alguien o intercambiar palabras en un pasillo, que es también un instante que yo reclamaba en otros lugares y no encontraba.

Son un espacio de conservación donde uno siente que no está solo, sobre todo porque está rodeado de los libros, de las personas que ya murieron y, en ese sentido, son de mucho movimiento e infinitas posibilidades para el aprendizaje. Por eso, esta primera etapa creativa de mi proceso artístico ha tratado de encarnar un espacio que significaba ese lugar de pedagogía, de aprendizaje y enseñanza. Con mis proyectos me he dado cuenta de que muchas personas sienten esa misma afinidad de guardar y vigilar la cultura.

La Biblioteca Pública Piloto se convierte en el nodo central porque guarda un archivo fotográfico tremendo, y tiene una historia desde su arquitectura y posición urbanística. Por ejemplo, en el proyecto Foyer traté de entender de dónde venía la biblioteca y por qué estaba allí. Entender el momento de transformación, reestructuración y reforzamiento estructural del edificio como una oportunidad de pensar los cimientos del arte en Medellín, como una bitácora para entender los cambios institucionales de la cultura en la ciudad.

¿Cómo se conecta Balthazar, otro proyecto suyo, con la construcción de La torre?

Balthazar significó explorar, a través de texturas y olores, cómo una persona invidente se relacionaba por primera vez con el archivo histórico de la Biblioteca Pública Piloto. ¿Cómo una persona que no puede ver construye una imagen, sabiendo que las imágenes son únicamente visuales? Esa una pregunta que también se hace en torno a ese conocimiento que está oculto. Pero en este proyecto una persona ciega llega, conoce y recrea. Fue un momento de inspiración frente a las imágenes ocultas y a las perdidas.

Recordando que algunas imágenes están perdidas en las colecciones y que así se convierten en puntos ciegos de nuestros recuerdos, Balthazar se conecta de manera muy especial con La torre, que es la búsqueda de una imagen en la memoria del país, la única evidencia de una bomba puesta en la Biblioteca Pública Piloto.

¿Cómo fue el proceso particular de hacer La torre?

Para mí ha sido una revelación en todo sentido; una de las grandes diferencias entre lo plástico y lo audiovisual es el tiempo. De hecho, siento que desde siempre he estado haciendo La torre, pero no lo sabía. Podría pensar también que la concepción de la obra generó un cambio, porque cuando terminé La torre me di cuenta de que todo lo que había hecho anteriormente había sido la investigación, a través de pequeños proyectos, para escribir la película y tener la energía y el conocimiento para entender qué es lo que quería conocer de esos espacios.

La otra cosa es el tema presupuestal, descubrir cuánto vale una película fue algo que desbordó mi apreciación de un proyecto artístico y cultural, porque la misma está compuesta por varias etapas: la escritura, la preproducción, la producción y la posproducción. Incluso siendo una película de bajo presupuesto ha tenido muchos gastos. Eso es algo que también he aprendido, a tener paciencia.

Usted es un artista plástico, ¿cómo afecta eso su mirada en cuánto al hacer cinematográfico? ¿Y su construcción audiovisual?

Yo siempre concebí la película como una ficción. Habrá otros que dicen que es un documental. A mí me dejó de preocupar realmente esa cuestión. Lo que quise con La torre fue una relación del espacio con la cámara. Por eso hace alusión a algo que se construye, a lo que se puede ingresar, y ese es también el mensaje: que los espectadores puedan entrar a la película. En eso también va el diseño sonoro, que intenta dar una experiencia audiovisual para crear una atmósfera interesante. Era un acercamiento distinto porque obviamente hay unas referencias pictóricas y escultóricas que intenté explorar a medida que iba filmando. Es más que una experiencia literaria, que es en lo que suelen basarse los formados en dirección de cine.

Las películas muchas veces son literaturas filmadas, pero a mí me interesaba filmar un espacio y retratar lo que se descubre en el mismo. De hecho es una pregunta por el cine mismo: la película habla sobre las imágenes que se están filmando, sobre los sueños, y uno podría pensar que esa torre se percibe como un sueño. Así son también esos recuerdos, que son difíciles de retratar en una historia. La idea era ser lo más consecuentes posibles con el concepto de una fotografía, que es silente y por ello no podía tener muchos diálogos.
Fuente: Arcadia

Allá en Nashville, donde son bien musicales, vive Michael Schulze Fröhlich. Si él no menciona su segundo apellido, cualquiera se puede imaginar que es alemán. Entonces, cuando dice Fröhlich Echeverri, delata que además de europeo tiene algo de latino, un detalle que se suma al pelo negro y a la piel trigueña.

Michael creció en Medellín, su padre sí es alemán, y su mamá, la que le dio el Echeverri, colombiana.

Para mantener un tipo de conexión con sus orígenes paternos, Schulze, de 24 años, estudió toda la escuela primaria y secundaria en el Colegio Alemán, el lugar en el que comenzó su relación con la música.

Según cuenta, su historia musical es tan extraña como la mezcla de sus apellidos. Tenía siete años cuando quiso impresionar a una compañera del colegio, por esa razón decidió ingresar a la orquesta y tocar el violín.

Ese fue solo el comienzo de un amor, no con la chica que le gustaba, pero sí con la música. Ese sentimiento empezó a consolidarse a los 16 años cuando inició sus estudios de canto y guitarra con los músicos John Edison Bolaños y Alberto Trujillo Vélez. Al mismo tiempo, el joven hacía parte de una banda de rock en el Alemán, en la que fue cantante, guitarrista y hasta compositor. Schulze cuenta que en esa época empezó a sentir que estaba muy interesado en la música, y tomó la decisión que le cambiaría la vida: audicionar en Berklee Collegue Of Music, en Boston (Estados Unidos), una de las universidades más famosas para aprender música en el mundo.

Ese día tocó la guitarra, una canción que compuso tres días antes de la prueba. Después le preguntaron si sabía leer música e interpretó una canción que le asignaron para confirmarlo. Además, indagaron por sus deseos de ingresar a la institución.

Michael consiguió el cupo, estudió dos carreras: film scoring (música para películas) y CWP (producción y composición musical).

En Berklee, según cuenta, fue un afortunado, conoció a Michael Sweet, reconocido por ser el creador de los sonidos del Xbox 360, la popular videoconsola de Microsoft. También tuvo un curso con Claudio Ragazzi, que ha sido nominado al Grammy, y todo eso alimentó más su pasión por la música, relata Michael.

Ahora está convencido que enamorarse de la música fue la decisión correcta, que esa unión fue la perfecta porque le ha permitido trabajar en proyectos y con personas que nunca pensó que iban a estar a su alcance.

Cuando era adolescente, por ejemplo, escuchaba a la banda alemana de neometal 4LYN que, como él, también habían empezado en la música desde el colegio. Ahora, gracias a su trabajo, tuvo la oportunidad de colaborar con Ron Cazzato, el exvocalista de 4LYN. Eso para Michael fue increíble.

Ron vio el potencial en la música de Michael y la banda que ahora tiene (Invisible Heroes-, con el húngaro americano Danny Nagy, y el irlandés venezolano Eidan Molina), que aceptó crear dos canciones con ellos, una para su álbum personal y otra para la agrupación de Michael que está por lanzar su primer EP (un álbum con menos canciones).

A esa experiencia también ha sumado, trabajos que ha tenido desde su estadía en Nashville para compañías como Warner Chappell, en la que produjo y compuso un álbum de electroswing; y para Latnic (Latin America and Caribbean Network Information Cent) en la que fue el productor de un jingle.

Este paisa-alemán colabora con cantantes como Brittanny Butler, quien paso varias rondas en el reality estadounidense The Voice.

Además de eso fue invitado por el reconocido compositor Michael Whittaker que ha hecho la música de famosos programas de televisión como Tortugas Ninja y Power Rangers, para añadir contenido en Reelwittywerkz, una librería musical para televisión y películas.

Así es que tal vez sus composiciones sonarán en la TV y la gente podrá decir: eso lo hizo un músico paisa. Michael está seguro de que así será.
Fuente: El Colombiano

En el 2009, de la mano del New Museum of Contemporary Art, en Nueva York, se publicó el libro Younger Than Jesus, que acogía a, más o menos, 500 artistas menores de 33 años –la edad de Jesús al morir– considerados los mejores en todo el mundo a partir de una investigación con más de 150 curadores, críticos y artistas.
Unos tres años antes de esa fecha surgió Don Nadie, personaje de 34 años, mezcla de la personalidad entre dos amigos (Juan Bocanegra y Jorge Sarmiento), muy diferentes y que surgieron en contextos socioculturales distintos.
Si se pensara esa publicación en la actualidad, por motivos evidentes, Don Nadie no podría formar parte de la selección de los mejores artistas por su edad. Si no fuera por eso, ¿lo habría logrado gracias a su arte? ¡Quién sabe!

Por esto, Don Nadie no se quedó atrás y creó su propia versión, la muestra ‘Once… Older than Jesus’.

“Es una analogía que tiene que ver con el éxito y el fracaso, con estar viejos o no estar tan jóvenes y con la adultez”, sostiene Sarmiento.

Todas las obras, que se alojan hasta el 10 de febrero en la galería Valenzuela Klenner, tienen que ver “con la idea del dos, del uno y de la relación de tres” de Don Nadie y de las situaciones que han vivido este par de amigos en sus vidas.

Se ve un proceso artístico que comenzó cuando llevaron a la Bienal de Venecia (la de Bogotá) unas bolsas de mercado con el logo antiguo de los almacenes Éxito –pero con la palabra ‘Existo’– que entregaron a distintas tiendas del barrio como una forma de reaccionar a la eventual desaparición de estos locales por la construcción de un Éxito en el sector.

La muestra está llena de anécdotas e intervenciones relacionadas con el lenguaje popular colombiano, que se refleja en obras como Delito ornamental: un árbol hecho con billetes de la época en la que floreció el narcotráfico, o una camiseta de la Selección que dice ‘Escobar’, como referencia a las muertes de Andrés Escobar y de Pablo Escobar.

Una obra en particular resulta inquietante, tanto para creyentes como no creyentes: La genealogía de la moral sitúa la figura de un Cristo roto sobre una esvástica.
“Es el típico crucifico que tienen las casas. Lo que hicimos fue proyectar nuestro punto de vista sobre ese objeto cotidiano, cómo nosotros lo vemos roto y objetualizado para ciertos fines fascistas, lo que se entiende de muchas formas, como el monoteísmo”, dice Bocanegra. La obra se refiere al texto de Nietzsche que “habla del origen de las palabras ‘bien’ y ‘mal’. La palabra ‘bien’ está vinculada al hombre blanco y bueno que coloniza al otro, que es el pagano, el negro y el asqueroso. Y en este caso, el cristo es uno italianizado en términos estilísticos del Renacimiento: rubio y árido, que pudimos identificar en varias iglesias”, agrega el artista.Este Cristo peculiar no se quedó sin la bendición del papa Francisco, cuando él vino a Bogotá: lo llevaron al recorrido del pontífice y lo alzaron en el aire con el fin de que él lo viera, “como una forma de que santificara esta idea bizarra de intervenir el aquí y el ahora”, cuenta Bocanegra.

Dónde y cuándo
Hasta el 10 de febrero. Galería Valenzuela Klenner. Cra. 5.ª n.° 26 B-26, Bogotá. Informes: 661-1961.
Fuente: El Tiempo

Tras los dos do-cumentales más o menos televisivos e institucionales en exceso realizados sobre el proceso de paz, es bienvenido el énfasis que Ciro y yo pone en la manera en que se sintió la guerra en uno de esos lugares alejados que tanto la han sufrido. Acá los señores que deciden la guerra y la paz se ven solo en imágenes de archivo, mientras toda la atención se concentra en cómo un hombre y su familia sufrieron, sin buscarlo, por esas decisiones.

El protagonista de esta película es Ciro Galindo, un campesino que vivía cerca al famoso Caño Cristales, en la serranía de la Macarena, a donde llegó hace más de 20 años el director de este documental, Miguel Salazar, a tomar fotografías. Un accidente trágico hace que las vidas de los dos se unan y esa relación (que Salazar llama “amistad”, aunque no lo parece por la forma distante como se relacionan) es el punto de partida de esta reflexión sobre el costo humano que ha tenido nuestra guerra para quienes verdaderamente la padecieron.

Este hombre de setenta y tantos años responde preguntas frente a un telón oscuro para trazar su cronología particular de la guerra, que, en esta versión, resulta especialmente cruel con los muchachos y adolescentes que los grupos ilegales se disputaban ferozmente.

Las anécdotas de Ciro y de Esnéider, su hijo sobreviviente, son sobrecogedoras y, en su sencillez, permiten acercarse a las manifestaciones cotidianas del conflicto en un territorio en disputa. Así, Esnéider habla de compañeros de colegio que primero dejaban de ir a clase para reaparecer un rato después en uniforme y, luego, al cambiar los grupos armados en control del territorio, como cadáveres por identificar.

La historia de estos dos hombres es un recordatorio de la profunda desconexión que hay entre quienes toman las decisiones políticas y quienes sufren sus consecuencias, y debería ser de visión obligada para cualquiera que sienta entender la guerra desde la comodidad de sus casas.

Aunque la visión de la guerra reverbera, el retrato de Ciro, y sobre todo el de su relación con Salazar, tiene unas lagunas que por momentos distraen de este recuento cronológico. Y son lagunas que, quizás, si se hubieran titulado Las guerras de Ciro o algo parecido no serían tan notorias.

Pero se llama Ciro y yo cuando está lejos de ser acerca de dos personas, de la relación que han tenido, de lo que han construido juntos, de un ‘nosotros’. Los papeles asumidos tanto por el entrevistador como por el entrevistado son rígidos y bien definidos: uno pregunta, el otro responde; uno mira y el otro es mirado; uno comparte su historia y el otro la registra, edita y musicaliza. No es, para nada, una película de dos.

A diferencia de La noche herida, el documental de Nicolás Rincón Guille estrenado el año pasado, que lograba recuperar la humanidad de su protagonista retratándola en una cotidianidad de tiempos largos y silencios tranquilos, acá se siente un afán general; afán por contar lo sucedido sin pensar mucho en lo que significó, por mostrar el increíble material de archivo conseguido, por mostrar cómo la vida de un hombre –lo dice Salazar al comienzo– puede “resumir” la historia de Colombia.
Fuente: Semana

Shakira y el fallecido Magín Díaz fueron los únicos colombianos que brillaron, durante la entrega de la 60.ª edición de los Premios Grammy anglo. La ceremonia se hizo en el Madison Square Garden, de Nueva York, luego de 15 años en que estos galardones no volvían a esta ciudad.

La barranquillera, con su álbum ‘El Dorado’, se llevó el galardón a mejor álbum pop latino, anunciado durante la pregala de la ceremonia. La autora de Pies descalzos, quien no estuvo presente, le ganó a Juanes, Natalia Lafourcade, Alex Cuba y La Santa Cecilia, en la misma categoría.

Otro de los galardones esperados por los colombianos era para el disco ‘El Orisha de la Rosa’, del recién fallecido compositor Magín Díaz, que competía en la categoría mejor empaque de grabación. Esta producción compartió premio con el disco ‘Pure Comedy (Deluxe Edition)’, del Sasha Barr.

Por su parte, Rubén Blades y su producción ‘Sala Big Band’ se llevaron el de mejor álbum tropical latino. En esa categoría se encontraban compitiendo Silvestre Dangón, Albita, Diego El Cigala y Doug Beavers.

El mejor álbum rock, urbano o alternativo fue para el puertorriqueño Residente. En esa categoría competían también Bomba Estéreo, Jorge Drexler, Los amigos invisibles y C4 Trío & Desorden Público.

El grupo de colombianos en esta edición lo cerraba Álex Campos, quien competía en la categoría de mejor álbum regional mexicano, que fue para la producción ‘Arrieros somos (versiones acústicas)’, de Aida Cuevas.

Un fenómeno llamado Bruno Mars
Pero sin duda el gran premiado de la noche fue el estadounidense Bruno Mars, quien se llevó los premios de álbum del año (‘24K Magic’), que también le permitió alcanzar el gramófono en las categorías de canción del año (‘That’s What I Like’) y grabación del año (‘24K Magic’).

Mars desplazó a Childish Gambino, con ‘Awaken, My Love’; Jay-Z, con ‘4:44’; Kendrick Lamar, con ‘DAMN.’, y la neozelandesa Lorde, con ‘Melodrama’.
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Para conseguir el galardón de mejor álbum competían cinco candidatos, pero Mars desplazó a Childish Gambino, con ‘Awaken, My Love’; Jay-Z, con ‘4:44’; Kendrick Lamar, con ‘DAMN.’, y la neozelandesa Lorde, con ‘Melodrama’.

Fue la tercera ocasión consecutiva que Mars subía al escenario para recibir el galardón, el último, el más importante de la noche, y que fue anunciado por dos integrantes de U2.

En sus palabras frente al público, en el acto final de la gala, el artista agradeció al resto de los nominados porque, dijo, “son los responsables de que en el estudio me esté tirando de los pelos” por la alta calidad de su música.

“Gracias por bendecir al mundo con vuestra música”, agregó. Bruno Mars, de 32 años, nacido y criado en Honolulu (Hawai), recordó que ya a los 15 años se presentó en un show en Hawai llamado ‘Polinesia Mágica’ donde cantó una serie de temas que inspiraron el álbum que se llevó el máximo galardón de la noche. “Era increíble a los 15 años”, recordó, lo que generó risas entre el público.

Para el álbum ganador de la velada, Bruno Mars dijo que utilizó canciones que “fueron escritas con ninguna otra cosa distinta de la alegría, y por una sola razón, el amor”.

Por su parte Kendrick Lamar, de 30 años y reconocido como uno de los raperos más innovadores de su generación, ganó cinco premios mayormente en categorías de rap por su álbum ‘DAMN’ y su sencillo ‘Humble’.

El éxito de Lamar llegó a expensas de su colega Jay-Z, que pese a ser el artista más nominaciones -ocho- de la noche se fue a casa con las manos vacías.

El artista se ganó también la ovación del público en el Madison Square Garden cuando al comienzo de la ceremonia inició su actuación con un grupo de bailarines vestidos con uniformes militares y una bandera de Estados Unidos como telón de fondo.

El músico interpretó un medley con varios de sus éxitos, entre ellos ‘XXX’ -con U2- y ‘DNA’, para cerrar con ‘King’s Dead’, cuando los bailarines vestidos con capuchas rojas actuando como si les dispararan y cayendo al piso.

Su actuación recibió aplausos y una ovación de pie. El éxito de Lamar llegó a expensas de su colega Jay-Z, que pese a ser el artista más nominaciones -ocho- de la noche se fue a casa con las manos vacías.

Otros ganadores
Otro de los favoritos, Childish Gambino, aspirante a cinco Grammy, se alzó con uno, a mejor actuación tradicional de R&B por Redbone.

Entre las categorías más destacadas, ‘Divide’, de Ed Sheeran, ganó a mejor álbum pop vocal; ‘A deeper understanding’, de The War on Drugs, se llevó el de rock, y ‘The National’ con Sleep well beast, el de música alternativa.

Damian ‘Jr. Gong’ Marley, el hijo pequeño del icono del reggae Bob Marley, ganó el Grammy al álbum en esa misma categoría con ‘Stony Hill’, mientras que ‘Starboy’ de The Weeknd obtuvo el de música urbana contemporánea y ‘3-D the catalogue’, de Kraftwerk, el de mejor álbum de electrónica.

The Rolling Stones se hizo con el mejor álbum de blues tradicional con ‘Blue and lonesome’.

Entre los ganadores que se dieron a conocer antes de la ceremonia de gala televisada en la noche, se destacó también el Grammy para la producción ‘Tony Bennett Celebrates 90’, como Mejor álbum pop tradicional vocal.

A título póstumo, Leonard Cohen venció en actuación rock con ‘You want it darker’, categoría en la que competía el rockero Chris Cornell, también fallecido en 2017, con ‘The Promise’.

Como anécdota, la actriz Carrie Fisher, figura querida de la pantalla que también el año pasado, ganó el premio a mejor álbum hablado, en el que se incluyen audiolibros, por ‘The princess diarist’.

El mejor álbum de jazz latino fue a parar al trío musical encabezado por el músico argentino Pablo Ziegler, por su trabajo ‘Jazz tango’.

Malkovich y Walhberg estarán en Bogotá entre finales de enero y febrero para las secuencias de acción. La producción llega a la capital como parte de la Ley 1556 de 2013, que promociona al país como locación de películas y series.

La película se centra en la historia de un oficial estadounidense de la CIA que reúne a un equipo táctico para detener a una banda de contrabandistas en la que está involucrado un miembro de la policía.

‘Mile 22’ es una producción de STX en alianza con la empresa colombiana Dynamo Producciones, conocida por la exitosa serie ‘Narcos’ y las películas ‘Loving Pablo’, ‘Los 33’ y ‘Barry Seal: hecho en América’, todas con escenas filmadas en Colombia.

La actriz Lauren Cohan, famosa por la serie de TV The Walking Dead, también se encuentra en Bogotá como parte del elenco ‘Mile 22’.. Para la producción, la Alcaldía Mayor autorizó varios cierres viales en Bogotá que serán anunciados con anticipación a los capitalinos.

Malkovich ha sido nominado al Óscar como mejor actor secundario en dos oportunidades: en 1985, por Places in the Heart, y en 1993, por En la línea de fuego. Mientras, Wahlberg ha sido postulado por su actuación en Los infiltrados, en 2007, y como productor de El ganador (candidata a mejor película en 2011). El actor ya había estado en Bogotá en el 2011, cuando presentó su obra teatral La comedia infernal en el Teatro Mayor.

Por su parte, Wahlberg también optó por el Óscar a mejor actor secundario por Los infiltrados y como productor de El ganador (candidata a mejor película, en el 2011)
Fuente: El Tiempo

La británica Tilda Swinton, que en el 2008 se quedó con el premio Óscar a mejor actriz secundaria (por su papel en Michael Clayton), será la invitada principal del certamen cinematográfico que este año celebra su edición 58.

Swinton es recordada por sus constantes transformaciones en la gran pantalla, en una carrera que empezó en 1986. Algunos de sus personajes más recordados son en las películas Tenemos que hablar de Kevin (2011), Okja (2017), The Deep End (2001), El gran hotel Budapest (2014), Only Lovers Let Alive (2013), El curioso caso de Benjamin Button (2008), Quemar después de leer (2008), Flores rotas (2005), El ladrón de orquídeas (2002) y Young Adam (2003).

La intérprete estará en la Heroica para dictar una clase magistral y presentar una retrospectiva de su cine.

El Festival de cine de Cartagena (Ficci), el certamen más antiguo de Latinoamérica, contará este año también con la participación del director francés Bruno Dumont.

El también productor y guionista impartirá un masterclass, el domingo 4 de marzo, en el Salón FICCI. Parte de su filmografía como director se verá en Cartagena: La vida de Jesús, Flandres y Camille Claudel 1915 (con Juliette Binoche), entre otras.

Ocho Gemas en competencia
La primera competencia que se confirmó fue la del apartado Gemas, que incluye títulos no iberoamericanos de gran reconocimiento en los festivales más importantes -Cannes, Locarno, San Sebastián y Toronto- durante los meses recientes.

Las ocho películas confirmadas hasta el momento que competirán son The Day After (Hong Sang-soo), Season Of The Devil (Lav Diaz), In The Fade (Fatih Akin), Mrs. Fang (Wang Bing), Pororoca (Constantin Popescu), Caniba (Verena Paravel), BPM: Beats Per Minute (Robin Campillo) y The Florida Project (Sean Baker).
Fuente:El Tiempo

A lo largo de la historia se han escrito cientos de obras de teatro. En este artículo te ofrecemos una selección de las mejores.
El teatro es uno de los grandes géneros literarios pensado para ser representado ante un público, en forma de diálogo directo entre los diferentes personajes.

Desde su origen en la Grecia Clásica, millones de espectadores han disfrutado de uno de los entretenimientos más populares de todos los tiempos que aún hoy, sigue cosechando éxitos en cada representación. A continuación os proponemos las 6 obras características del género por excelencia:

La Casa de Bernarda Alba: cuesta encontrar algo en lo que Federico García Lorca no destacase. Su pericia con las letras dejó para la posteridad obras de gran calidad literaria en todos los géneros. Entre su producción dramática más importante se encuentra esta visión existencialista de la tragedia basada en un angustioso deseo de libertad, frustrado siempre por los convencionalismos sociales.
Bodas de Sangre: es otras de las obras que hizo célebre a su autor, García Lorca. En ella se cuenta la historia malograda de dos amantes marcados a fuego por la tradición familiar, como una prisión de la mente y el cuerpo que condena el pasado, presente y futuro de los protagonistas.
Don Juan Tenorio: el amor es el leitmotiv de la obra escrita por José Zorrilla a finales del siglo XIX que narra la historia de la apuesta que Don Juan Tenorio hace con Don Luis Mejía, por la cual el primero deberá conquistar a una novicia, Doña Inés, y a otra joven. Contra todo pronóstico Don Juan se enamora perdidamente de la inocente novicia y decide pedir su mano para contraer matrimonio.
La Celestina: sin salir de España nos referimos a la obra que sirvió de pasaporte a Fernando Rojas para pasar a la posteridad. La obra describe el violento amor que viven Calisto y Melibea, alimentado por las pícaras artes de la Celestina. La historia discurre entre la comedia al drama con asombrosa sencillez.
Romeo y Julieta: William Shakespeare es el autor de una de las historias de amor que más lagrimas ha provocado entre el público. La obra cuenta la desdicha de dos jóvenes enamorados, Julieta Capuleto y Romeo Montesco, cuyas familias viven enfrentadas.
Sueño de una Noche de Verano: el dramaturgo inglés tuvo una fructífera carrera como escritor de teatro. Entre todas sus obras, además de la ya mencionada, destaca ‘Sueño de una noche de verano’ en la que se presenta de forma cómica las fantasías y sueños de dos parejas de amantes.
Fuente:Universia

Con una importante participación dentro de la programación de esta décimo tercera edición del Hay Festival, las mujeres coparán la agenda de esta fiesta de las palabras y las ideas.

Así por ejemplo, las mejores escritoras Latinoamericanas menores de 40 años que pertenecen al grupo de Bogotá39-2017, liderarán diferentes conversatorios en Cartagena y en municipios de Bolívar como San Jacinto y otros lugares como Getsemaní, donde harán lecturas para la comunidad, y en ciudades como Riohacha, Medellín y Bogotá.
Nombres como Lola Copacabana de Argentina, Natalia Borges de Brasil, María José Caro de Perú, Liliana Colanzi de Bolivia, Laia Jufresca, Brenda Lozano y ValeriaLuiselli de México, Ana Mills de Guatemala, Mónica Ojeda de Ecuador, Samanta Schweblin y Luciana Sousa de Argentina, Mariana Torres de Brasil y Claudia Ulloa Donoso de Perú, compartirán con el público asistente detalles de su obra y su proceso creativo.

Al hablar de música, esta edición del festival contará con la maravillosa voz de Haydée Milanés, intérprete y compositora de la música popular cubana, quien engalanará a los asistentes del Teatro Adolfo Mejía con un concierto el sábado. La hija del reconocido artista Pablo Milanés, conversará con Juan Gossaín, Wiliam Navarrete y Mario Jursich sobre la música cubana como tradición y novedad. El municipio de El Pozón la recibirá también para hablar con la reporterita comunitaria Juliana Salcedo sobre su carrera musical.

Por otro lado, la cantante y actriz española Ana Belén estará conversando en compañía de su esposo, Victor Manuel, con Roberto Pombo, director de El Tiempo, en la charla inaugural del Festival, sobre la trayectoria artística de uno de los duetos más relevantes y reconocidos de la música en español.

Sobre su faceta como actriz en más de 40 películas y 30 obras de teatro, Ana Belén hablará con Luis Alegre en el Centro de la Cooperación Española.

Las mariposas amarillas llegarán al municipio de Aracataca de la mano de Totó la Momposina, la Negra de Colombia, Gloria Triana y Aura Lucía Mera quienes en compañía de Pablo López, conmemorarán los 35 años de la entrega del premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, mediante un conversatorio denominado “La Música del Nobel”.

El municipio de El Pozón recibirá a Catalina Gómez y Marta Orrantia quienes conversarán sobre la actitud investigadora, el deseo de conocer la verdad y el profundo respeto por los demás como cualidades del buen periodismo. Así mismo, la autora e ilustradora Olga de Dios hablará con niños y niñas mayores de 3 años sobre su trabajo, el cual pretende transmitir valores así como la divulgación de realidades que no suelen tener referentes en la infancia como las diferentes formas de amar, la igualdad de género o el consumo responsable.

En Medellín, por su parte, la filósofa española Marina Garcés dialogará con Carolina Robino sobre una de sus mas recientes consignas, “la filosofía nace en la calle”, busando aportar ideas para entender el conflicto de soberanía entre Cataluña y España.

“El Hay Festival siempre se ha caracterizado por ser un espacio abierto, que busca la representatividad de distintos sectores de la sociedad, y en donde la mujer cumple, sin duda alguna un papel determinante”, explicó al respecto Amalia de Pombo, directora del Hay Festival Cartagena.

Y es que en esta edición, no solo un 47% de los participantes son mujeres, sino que habrá conversaciones que buscarán rendir un homenaje explícito a las autoras más relevantes, invitando a escritores y participantes a contar cuáles son sus escritoras favoritas.
Fuente: El Universal

‘La forma del agua’, del mexicano Guillermo del Toro obtuvo 13 nominaciones. La chilena ‘Una mujer fantástica’ fue postulada a mejor cinta extranjera y ‘Coco’ competirá como mejor filme animado en la próxima gala de los premios Óscar.

Era casi un secreto a voces que ‘La forma del agua’, del mexicano Guillermo del Toro iba a ser la protagonista principal en las nominaciones a la 90 edición de los premios Óscar.

Por eso fue emocionante ver que se quedó con 13 nominaciones entre las que se destacan las de Mejor película, Mejor director, Mejor actriz y Mejor guion. Así mismo, tiene siete candidaturas en los premios conocidos coloquialmente como técnicos. La trama de ‘La forma del agua’ se enfoca en el encuentro e historia de amor de una mujer sordomuda con un hombre anfibio en un laboratorio.

También fue protagonista la chilena ‘Una mujer fantástica’, en el apartado de mejor película extranjera. Es un drama acerca de una mujer transgénero que libra una serie de batallas personales y familiares. Fue dirigida por Sebastián Lelio (‘Gloria’) y tendrá que enfrentarse con ‘The Insult’, de Líbano; “On body and soul”, de Hungría; ‘The Square’, de Suecia; y ‘Loveless’, de Rusia.

Mientras, ‘Coco’ quedó en el grupo del que se premiará a la Mejor película animada. La cinta de Disney y Pixar siempre fue una de las favoritas y casi que una de las cantadas a ser protagonista en esta categoría. Tendrá que competir con ‘Un jefe en pañales’, ‘The Breadwinner’, ‘Loving Vincent’ y ‘Olé, el viaje de Ferdinand’.

‘Coco’ representa un tributo a la cultura mexicana. Fue producida por Pixar y Disney, y reconoce el poder de la familia y los sueños, a través de la historia de un niño que quiere ser músico. ‘Coco’ también optará por el premio a Mejor canción con ‘Remember Me’.

Por otro lado, la película ‘Dunkerque’, del director Christopher Nolan, obtuvo ocho nominaciones; el drama ‘Las horas más oscuras’ alcanzó seis (entre esas la de Mejor actor, para Gary Oldman). Era predecible que el drama protagonizado por Frances McDormand, ‘Tres anuncios por un crimen’, quedará en la categoría a Mejor película y que su protagonista también clasificara en el apartado de Mejor actriz principal; eso sí, seguida de cerca como una de sus mayores competidoras, Sally Hawkins (la protagonista de ‘La forma del agua’), y Margot Robbie, por su trabajo en ‘Yo, Tonya’.

Este año competirán por el premio a mejor película nueve producciones: ‘La forma del agua’, ‘Llámame por tu nombre’, ‘Las horas más oscuras’, ‘Dunkerque’, ‘¡Huye!’, ‘Lady Bird’, ‘Phantom Tread’, ‘The Post: los secretos del Pentágono’ y ‘Tres anuncios por un crimen’.

Algo que llamó la atención de esta lista de postulados fue la inclusión de la realizadora Greta Gerwig (‘Lady Bird’) en el apartado de Mejor director, junto a Christopher Nolan; Jordan Peele, Paul Thomas Anderson y Guillermo del Toro.
Fuente: El Tiempo