Si el público te pide un personaje, ¿cómo no dárselo?cabo1

Puede que a Robinson Díaz le haya costado un poco entender esa pregunta. Su escuela purista de actuación le enseñó que un actor debía representar muchos personajes y que hacer durante más de un año el mismo papel lo llevaba negativamente al ‘encasillamiento’. Pero lo que le sucedió en México fue algo como una maestría para él.

Su papel del ‘Cabo’ en ‘El cartel de los sapos’, que ha interpretado en cine y televisión lo tienen hoy cerrando una temporada de tres meses enCasa E antes de emprender su novena gira en México y luego ir a Inglaterra, España, Estados Unidos, Puerto Rico y Perú.

“A raíz de que me pedían y me pedían el personaje, que es mi fuerza de trabajo, me di cuenta que había pasado unos límites que nunca había pasado. Cuántos actores no darían por poder llevar un personaje mucho tiempo”, dice.

En México, la gente invita al ‘Cabo’ a fiestas de todo tipo y en lugares que van desde teatros insignias del país hasta galleras o fiestas privadas. Sin embargo, él prefiere los lugares con espacios controlados. “La sensación que le da a la gente es de poder tocar, sentir y estar un rato con un narco que estuvo en la televisión, una cercanía muy extraña”, cuenta.

Al ver esto, Robinson junto a sus productores Patricia Grisales y Alberto Barrero decidieron construir un espectáculo más “responsable”.

“Dijimos: hagamos un show, un espectáculo en vivo. No le demos a la gente solamente fotos o postales sino que hagamos algo de verdad, más responsable. Nosotros somos actores y nos gusta presentarnos en el escenario, nos gusta el teatro. Entonces salió este show y es muy bien recibido y la gente se sorprende mucho porque siente que no hay una estafa. Hay un espectáculo completo con una reflexión y un mensaje fuerte”.

Un narco que deja pensando

Una cosa es el personaje de cine y televisión y otro el que se ve sobre las tablas. “En la pantalla y en las series es un personaje letal, malévolo, lleno de una pretensión al mal terrible. Un personaje muy asesino, muy virado a la maldad. En el teatro lo que hago es volverme totalmente gracioso, mostrar el lado cómico del ‘Cabo’”. Y la gente en efecto se ríe y al final esperan para tomarse una foto con él. Incluso hay camisetas que se venden al final de función con frases dichas durante la función.

Cuestionamientos sobre la realidad política colombiana, burlas al machismo, a la ilegalidad y a la cultura traqueta a través de chistes y mensajes burdos hacen parte de ‘La fiesta del Cabo’. Una caracterización que invita a la gente a preguntarse si le gustaría ser así y también a ser críticos y no dejarse meter los dedos a la boca pero no por el lado de la ilegalidad o el mal.

“Se vuelve como una columna de opinión porque aquí el ‘Cabo’ llama las cosas por su nombre. A través de él puedo decir muchas cosas. Producir risa es una cosa muy difícil de hacer pero con este personaje hay un pasaporte, una visa que podemos utilizar”.

“Risoterapia”, “Matar de la risa” o “El crimen no paga, el teatro sí”, son algunos de los mensajes con los que promocionan la obra y que en este caso por los resultados de asistencia y aceptación resulta no ser publicidad engañosa.

Una vez se acaba la función, Robinson agradece los aplausos y dice al público: “espero que hayan entendido el show por donde era. Es un grito de los actores para acabar con tanta mierda de la guerra”.

“Los colombianos somos tacaños para la cultura”

El entretenimiento hace parte de la canasta familiar de los mexicanos, responde el actor al preguntarle por lo que debemos aprender de México. “Van a ver a sus artistas, sus luchas, a la rueda o a los gallos. En Colombia, no podemos acceder fácilmente a ver espectáculos. No tenemos aún ese poder adquisitivo. Somos tacaños para la cultura”. Esa situación ha hecho más lenta la consolidación de un mercado constante que beneficie tanto a actores como empresarios y al público en general.

El riesgo fue otro de los impulsos que le dio México. “Tuve que alejarme del estrechismo con el que pensamos los colombianos de no poder hacer algo agresivo porque entonces ofendes a alguien. El éxito aquí es humillante porque no lo tienen los demás, entonces estamos condenados como a un fracaso colectivo y yo no le camino a eso”.

“Ya lo que digan me resbala. Me ‘vale madre’ como también aprendí allá”.